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Pereira
domingo, enero 29, 2023

Hay que adoptar correctivos

El domingo de la semana pasada nuestro columnista James Fonseca llamó, en su habitual escrito, la atención sobre lo que fue la experiencia de cientos de turistas que vinieron al Departamento aprovechando la temporada de navidad y la necesidad urgente de poner mano a algunas cosas, si es que no se quiere perder lo que avanzado Risaralda en materia de turismo.

Dice el columnista, que si bien el Departamento tuvo una importante presencia de turistas, fundamentalmente respondiendo a los calificativos y recomendaciones que han venido haciendo reconocidos medios de comunicación nacionales e internacionales sobre los inigualables atractivos de la región, la experiencia que tuvieron  no fue buena.

La primera queja, según el doctor Fonseca, fue el insoportable problema de movilidad. Sostiene que algún turista manifestó que no valía la pena gastar una suma importante de dinero para venir a Pereira y a Risaralda y encontrar que aquí es tan difícil moverse de un lugar a otro, como en Bogotá.

Adicionalmente, dice que los servicios de hospedaje y de alimentación en los principales destinos turísticos del Departamento, cuando la demanda es alta, son muy deficientes, y que con los precios de los platos en los restaurantes ocurrió una cosa parecida a las famosas mojarras de Barú.

No se necesita mucho esfuerzo para entender la queja de quienes nos visitaron en diciembre pasado. Un turista que llega al aeropuerto Matecaña con la ilusión de disfrutar de unos días de tranquilidad y lejos del acoso de las grandes ciudades, y lo primero que se encuentra es un irracional, estrecho y lento desvío para poder ingresar a la ciudad, o un cruce casi suicida para entrar al Bioparque Ukumarí,  sin duda el  más importante atractivo turístico que tiene Pereira, no puede llevarse un buen recuerdo de sus días de vacaciones en la Ciudad.

Esto, además la  saturación de carros, de motos y de obstáculos de toda clase que encuentra si su deseo es continuar hacia Santa Rosa en busca de las aguas termales, o de la estrechez y el pésimo estado de a la vía a Alcalá si su propósito son los parques de diversión o es hacer un turismo de naturaleza en el vecino Departamento del Quindío.

Esto para no hablar de turista que viene a la Pereira a disfrutar de la hospitalidad de su gentes, de su amabilidad y de su contagiosa alegría, y es atracado mientras camina por La Circunvalar o cuando visita el Bolívar Desnudo, o cuando intenta recorrer la zona comercial de la Ciudad.

Ya por supuesto, es difícil recuperar lo que se ha perdido, porque un turista difícilmente vuelve a una lugar donde fue atracado, o donde tuvo una mala experiencia, o simplemente donde no disfrutó la estadía. Pero es urgente adoptar todos los correctivos, como lo anota el columnista, para que Ciudad y el Departamento no pierdan las inmensas posibilidades que ofrece la región en uno de los aspectos que más pueden aportar a su crecimiento económico.

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