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domingo, octubre 2, 2022

Hay percepción de inseguridad

La realidad es que, aunque los registros de algunos delitos de alto impacto han bajado un poco, en el común de la gente de los municipios hay sensación de inseguridad.

En un reciente reportaje concedido a este periódico para su sección “Punto Final” por el secretario de gobierno departamental, Israel Londoño, el funcionario dijo que luego de pasar el asilamiento preventivo obligatorio decretado por el Gobierno Nacional y ya de regreso a la normalidad, en el Departamento hay sensación de seguridad.

Contrastan las palabras del funcionario con lo que se percibe y sienten los habitantes de los catorce municipios de Risaralda, inclusive de los diez restados los que conforman el Área Metropolitana más Santa Rosa de Cabal. Como él mismo lo anota, en las poblaciones del Occidente hay la sensación de que el aislamiento y todas sus consecuencias en aspectos como el empleo y la economía, trajeron inseguridad.

Basta mirar hechos como el que ocurrió la semana pasada en plena plaza principal, cuando dos sicarios, aparentemente menores de edad, acribillaron a tiros a dos ciudadanos que se encontraban en un establecimiento público viendo un partido de fútbol; para entender que no solamente hay manifestaciones reales de violencia, sino la lógica percepción de intranquilidad que esto genera.

Hechos como este, o como los que se han presentado recientemente en los municipios fronterizos con el Chocó, están dejando en las comunidades departamentales una razonable preocupación alimentada por la poca presencia de las autoridades de policía en las zonas y regiones donde la población siente estar bajo la amenaza de la delincuencia.

El encierro obligatorio, la necesidad de clausurar muchos negocios, la pérdida en muchos casos del trabajo y la urgencia inaplazable de tener lo necesario para comprar lo básico y poder subsistir, ha hecho que no pocos se hayan dedicado al robo, al atraco, a la extorsión y en general a las actividades delictivas.

Todo esto, agravado por la periódica llegada de un número muy grande de personas, especialmente jóvenes, atraídos por la cosecha cafetera. Esta población trashumante y ningún arraigo con la región, casi siempre trae problemas e inseguridad para los municipios que la reciben.

La realidad es que, aunque los registros de algunos delitos de los que se denominan de alto impacto han bajado un poco, en el común de la gente de los municipios del occidente del Departamento hay sensación de inseguridad, y, más grave aún, hay preocupación porque las reales consecuencias de la pandemia todavía no se están percibiendo en su completa dimensión.

Ojalá, la inversión que anuncia el doctor Londoño en vehículos, en motos y en equipos, y también en la adecuación del helicóptero prometido por la Policía, sirvan para contrarrestar el delito y, sobre todo, para enviar tranquilidad a los pobladores y mejorar esa percepción de desprotección e inseguridad que se aprecia en todo el Departamento.

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