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Pereira
martes, noviembre 29, 2022

Físico terrorismo

El sábado en la noche una ambulancia adscrita a la ESE Salud Pereira que transportaba una paciente en estado delicado de salud y al personal médico correspondiente, hacia uno de los centros médicos de la ciudad, fue atacada a piedra por unos encapuchados que tenían cerrada la Avenida La Independencia en el sector de Cuba, a pesar de que ya habían verificado la ocupación del vehículo y autorizado su paso.

Qué clase de protesta y de expresión de desacuerdo con el gobierno, es esta, no solo de impedir el paso de un vehículo que cumple una misión médica y humanitaria, sino de atacarlo con piedras y objetos contundentes, poniendo en peligro la vida del paciente y del equipo médico que lo acompaña.

A dónde ha llegado la barbarie y el salvajismo de algunas personas que amparadas en el derecho a la protesta que contempla la Carta Constitucional, la emprenden contra el más elemental de los principios en cualquier confrontación y es el de respetar la función y el desempeño de cualquier misión médica y humanitaria.

Todos los reclamos y las expresiones de inconformidad y malestar con el gobierno por algunas decisiones tomadas, o por el incumplimiento de acuerdos a que se ha llegado, son válidos y hay que respetarlos; pero lo que si no tiene justificación son los actos de vandalismo puro y de desprecio por los más elementales principios del derecho humanitario.

Una cosa es salir por las calles y avenidas a protestar, a expresar con voces y escritos todo lo que se siete frente a un gobierno y una sociedad inequitativa e indiferente a tanta desigualdad y otra bien distinta lo que ha pasado en la ciudad y en el país en los últimos días, y lo que sucedió el sábado último en la Avenida La Independencia.

Con seguridad, quienes cometieron semejante crimen no son ciudadanos inconformes con el gobierno y ni siquiera adversos a la reforma tributaria, a la de salud, o a la manera de enfrentar las protestas; sino una turba de delincuentes capacitados y alentados por fuerzas extrañas para generar el caos y subvertir el orden público.

Estos no son los que están pidiendo una mesa de diálogo con el Gobierno para acordar la solución a los grandes problemas nacionales y a los que están afectando una gran parte de la población colombiana, y ni siquiera quienes exigen una negociación para suspender el paro, para levantar los bloqueos a las vías y para regresar a la normalidad; son simplemente terroristas interesados en sembrar la violencia y el delito.

Por eso, esta horda hay que enfrentarla, primero con un país unido en torno a la institucionalidad, apoyando a quienes hoy la representan y con la participación de todas las fuerzas que por años han sido el soporte de la democracia, y segundo, con decisión y la firmeza que la Constitución y la ley lo permiten.

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