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viernes, octubre 7, 2022

Estrategia peligrosa

Poco le aporta a un momento tan difícil de cambios y de sacrificios, amenazar con convocatorias ciudadanas que hoy pueden estar en favor del Gobierno, pero mañana quien sabe, y no andar con la verdad.

La peligrosa convocatoria a la movilización popular que hizo el ministro Alfonso Prada en una intervención en el municipio de Padilla, Cauca, ante los representantes de distintas organizaciones sociales reunidas para exponerle los graves problemas sociales que aquejan a las comunidades de esa región; no parece ser la expresión aislada de un funcionario sino una estrategia orquestada para conseguir determinados propósitos, no importa el tema que tenga entre manos.

Ya el ministro de Hacienda había lanzado en alguna de las muchas intervenciones públicas, una amenaza de recurrir a los supuestos beneficiados con la reforma tributaria para presionar la aprobación de lo que el gobierno considera indispensable para cerrar la brecha social que tiene el país.

Igual pasó con la ministra de Trabajo al rechazar las observaciones que los empresarios y el sector productivo, hicieron a la planteada reforma laboral; y con la ministra de Agricultura al referirse a los comentarios que suscitó su propuesta de intervención y redistribución de las tierras no productivas.

Todos, cada uno a su manera y a su estilo, unos más frenteros que otros y casi todos prevalidos de esa inconveniente soberbia que produce el poder cuando no se ha tenido ni se está acostumbrado a administrar, han amenazado con sacar al pueblo a las calles si el Congreso no aprueba sus propuestas.

Pero más allá de lo peligroso que puede resultar esta estrategia de convocar a la movilización popular unos sectores que poco entienden de cada tema y lo único que les importa es que el Gobierno, tal como lo prometio en campaña, les entregue todo regalado; y de lo antidemocrático y contradictorio que es con la política de diálogo y concertación que anuncia en todos los escenarios el Gobierno, hay algo más grave y es el estilo de lanzar la piedra y esconder la mano.

Y este parece ser el común denominador en este gobierno. El ministro que convoca a la movilización popular y que luego dice “hay que entender el lenguaje”; el canciller que da la orden de ausentarse en la OEA para hacerle el juego a la dictadura de Nicaragua y después se escuda en que es una estrategia diplomática; el presidente que deja plantados a los alcaldes y a los militares y luego dice que tenía dolor de estómago; la ministra que autoriza invadir las tierras y luego dice que nada por fuera de la ley; y así el nuevo gobierno está lleno de ejemplos de funcionarios que tiran la piedra y esconden la mano. 

Ninguno es tan peligroso en una manifestación pública como que tira la piedra y esconde la mano, que es lo que acaba de hacer el ministro Prada. El funcionario dijo claramente que la  reforma tributaria se debería presionar incluso con una movilización popular y apenas vio la lógica reacción del país empezando por los miembros de las comisiones respectivas del Congreso, salió a decir que no lo  había dicho y a explicar lo que no tenía explicación.

Poco le aporta a un momento tan difícil de cambios y de sacrificios por el que pasa el país, amenazar con convocatorias ciudadanas que hoy pueden estar en favor del Gobierno, pero mañana quién sabe, y, más que eso, no andar con la verdad. Hoy lo que más necesita el país es ponderación, sensatez y, sobre todo, dar la cara y decir la verdad.

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