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lunes, agosto 8, 2022

Este es el reto

Es tendencia

Ojalá, no pase

Empieza la era Petro

Aceptable balance

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No puede ser más preocupante el informe presentado por una comisión especial conformada por la autoridades electorales para investigar las múltiples denuncias venidas de muchos sectores sobre posibles irregularidades presentadas al momento de llenarse los famosos formularios E-14 por parte de los jurados de votación.

Según el resultado de la auditoria contratada por la Dirección del Censo y la Gerencia Informática de la Registraduría, en una revisión a 22.255 formularios se encontraron 15.000 irregularidades graves que, según el propio Registrador Nacional, dan pie a una denuncia penal contra igual número de jurados de votación.

Lo más inquietante de este informe es que de las 15.000 irregularidades encontradas, en al menos 5.000, es decir en una de cada  tres, se detectaron indicios de dolo grave, lo que da lugar a investigaciones no solo disciplinarias y administrativas, sino penales, las que, según el Registrador, se están procediendo a entablar formalmente.

Qué confianza puede generar el resultado electoral de un proceso en el que se ha encontrado tachones, remarcados, anulaciones y alteraciones en un número tan importante de los formularios dispuestos para entregar el resultado final del conteo de los votos en cada mesa de votación.

Y peor aún, si en una de cada tres inconsistencias encontradas se aprecia que hay interés evidente de favorecer uno u otro candidato o de perjudicar a otro. Qué tranquilidad puede dejar en quienes participan en una jornada electoral y en general en todos los colombianos, una información de esta naturaleza, además entregada por el propio Registrador Nacional.

El país está,  de acuerdo con las distintas encuestas de opinión que se han divulgado en los últimos días, frente a un debate electoral muy reñido y, lo más grave, ante un país completamente polarizado. Digamos que en medio de tantos candidatos, tantos partidos y tantas listas, los señalamientos que se presentaron en las elecciones de marzo, no han trascendido más allá de lo conocido; pero no se puede pensar que será igual en las elecciones presidenciales.

De hecho, se oyen ya voces que advierten que no se está dispuesto a aceptar la más mínima duda en el conteo de los votos, ni en el lleno de los formularios dispuestos para registrar los resultados, ni mucho menos en la información final que entregan los jurados de votación a la Registraduría.

Después de todo lo que ha pasado, no le va a quedar fácil, pues, a la Registraduría recuperar la confianza que ha perdido entre los ciudadanos y que será indispensable para poder cumplir con eficacia el trabajo que se le viene encima. Este es el reto que tiene. El país no resiste unas elecciones con una organización electoral con los mismos vacíos y dudas que mostró en marzo pasado.

Para estar informado

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