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martes, febrero 7, 2023

Ese es el reto

Citarse a la hora del recreo en el patio de clases o a la salida del colegio para resolver alguna diferencia personal, es una costumbre que existe hace mucho tiempo entre los estudiantes de bachillerato, que por supuesto no es ni siquiera tolerable, pero que por no pasar de unas expresiones fuertes y cuando más de un par te puñetazos, todo queda en un llamado de atención por parte de los directivos de la institución educativa.

Pro esto es bien distinto a lo que está ocurriendo en Pereira y, según se dice, en otras capitales del país, y es ya no dos estudiantes mortificados por algún comentario de uno de ellos, sino bandas de muchachos de dos sectores de la ciudad que se citan por redes sociales en una plaza pública para enfrentarse con armas cortopunzantes y contundentes, y resolver sus problemas de territorio, o de honor, o en el negocio de la droga.

La semana pasada en dos distintos más de un centenar de jóvenes menores de edad se citó por redes en la plaza cívica Ciudad Victoria, para, armados de palos y cuchillos, resolver, según los medios de comunicación, un problema pasional. En ambas oportunidades la Policía tuvo que intervenir, dispersando los jóvenes y reteniendo algunos para obligar a sus padres a presentarse a la estación de policía a reclamar a sus hijos y a recibir la reconvención de las autoridades.

Por supuesto, el encuentro causó zozobra entre los ciudadanos que a esa hora estaban disfrutando de ese agradable lugar o que por casualidad pasaban en ese momento por allí, quienes no tuvieron otra alternativa que salir despavoridos para evitar ser alcanzados por los palos o las armas blancas que usaron los participantes del cruento enfrentamiento.

Lo preocupante de esto es que lo único que pudo hacer la policía cuando llegó, fue detener una treintena de participantes, todos menores de edad, y llevarlos a una de sus estaciones, mientras sus padres se presentaban a reclamarlos y se comprometían a estar más atentos con sus hijos y a controlar su comportamiento, mientras firmaban la conminación respectiva.

Sin embargo, todo indica que de nada sirvió la conminación que recibieron de la Policía y mucho menos el compromiso que hicieron los padres de vigilar el actuar de sus hijos. No habían pasado 48 horas cuando nuevamente los mismos grupos de muchachos se citaron en el mismo lugar para terminar de zanjar sus problemas.

Queda, pues, el reto para las autoridades de evitar que esta horrible práctica coja fuerza en la Ciudad y que en vez de diálogo y de la Justicia cuando sea necesario, la fuerza y la violencia sean el camino escogido para resolver las diferencias o para hacer valer sus derechos, o sencillamente para reclamar la razón.

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