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Pereira
jueves, octubre 6, 2022

En medio de la inseguridad

A todos los problemas de orden público, de bloqueo de vías, de saqueos y destrozos, de desabastecimiento de víveres y combustible, de crecimiento del desempleo, de caída de la producción y de graves limitaciones para la movilidad, que viven la ciudad y el departamento, se suma ahora uno igual o peor de  grave y es el de la inseguridad.

Vivir en la ciudad, caminar sus calles, andar con un celular en la mano, llevar un reloj o un artículo de valor, entrar a un establecimiento financiero, hacer el pare en un semáforo, tomar el Megabús, cruzar el viaducto, ir a un establecimiento de diversión, o inclusive tomar un taxi en la noche, se ha vuelto una práctica que no se puede cumplir sin el riesgo de ser atracado, o robado, o herido por algún delincuente. 

Según datos oficiales que se acaban de conocer, prácticamente todos los delitos de alto impacto han crecido, y de qué manera, en el Departamento en lo que va corrido del año, en comparación con los ocurridos en el mismo período el año anterior. Para empezar el homicidio, sin duda el que más zozobra e intranquilidad genera entre la comunidad, ha crecido en la ciudad en un 25%, en Dosquebradas en un 100% y en el departamento en un 30%.

Como si esto fuera poco, dicen los registros de las autoridades que el hurto a personas aumentó en un 25%, que el hurto de motocicletas se incrementó en un 45% y que las lesiones personales aumentaron en un 6%. Lo único que se salva al parecer en esta ola de amenaza para la seguridad de los risaraldenses, es el robo a residencias y a locales comerciales.

Lo mas grave de todo es la sensación de inseguridad que esta situación refleja en los ciudadanos. La gente siente que salir de la casa a cualquier actividad es un riesgo para su vida, que llevar un celular, que debía ser un motivo de seguridad, es la peor decisión que puede tomar una personas, es como ponerle la carnada más atractiva a los delincuentes.

Todo indica que los días en que la ciudad y el departamento mostraban con orgullo los bajos registros de homicidios y en que Pereira se colocaba entre las ciudades del país con menor tasa de este delito por cada 100.000 habitantes, han quedado atrás y que hoy, lo que muestran Pereira y Risaralda, es una región insegura y arrinconada por el delito.

Pero claro, poco se puede esperar en una ciudad donde ningún delincuente, por peligroso que sea y por extenso y tenebroso que sea su prontuario, es para los jueces un peligro para la sociedad, donde los peores delincuentes se fugan de los cuarteles de la Policía, donde  agredir la autoridad es corriente, donde las cárceles son la mayor fuente de la extorsión, donde los vándalos y saqueadores son jóvenes que tiene derecho a protestar y donde la turba acaba con la ciudad y nadie la defiende. 

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