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martes, septiembre 27, 2022

El sacudón militar

La nueva cúpula militar anunciada por el presidente Petro el viernes pasado, era una de las decisiones de gobierno que más expectativas generaba en el país no solamente por lo que significó la militancia del nuevo gobernante en un grupo al margen de la ley, sino por las permanentes críticas que él y sus compañeros de bancada en el Congreso, le hicieron permanentemente a las Fuerzas Militares.

Por supuesto, los nombrados en las cabezas del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea, la Policía y las Fuerzas Militares, son todos oficiales de altísimas calidades, de reconocida y amplia trayectoria en cada una de las respectivas ramas, de transparente hoja de servicios a sus instituciones y con los méritos suficientes para ocupar las altas posiciones que les ha encomendado el presidente Petro.

Sin embargo, un remezón de semejante alcance deja por fuera, con algún riesgo de injusticia, como lo reconoció el propio mandatario en el acto de posesión de la nueva cúpula, a un grupo de militares que no solamente tenía los méritos y las calidades para ocupar los más altos cargos en la estructura militar, sino que había esperado pacientemente el usual turno dentro de la organización militar para llegar a las más altas posiciones de comando.

Es probable que entre los oficiales obligados a pedir la baja haya algunos que no se ajustaran estrictamente a los lineamientos del nuevo gobierno; pero en su gran mayoría eran por sobre todo militares disciplinados y respetuosos de la línea de mando y con seguridad que estaban prestos a honrar el principio de la obediencia militar.

Bien pudo el presidente Petro ajustar la cúpula militar a su nueva estrategia de seguridad humana, sin necesidad de echar por la borda años de formación académica, de capacitación en inteligencia militar y de experiencia en la lucha contra las organizaciones criminales y los grupos armados ilegales que operan en el país.

Por otro lado, el mensaje del presidente Petro en el sentido que en adelante los ascensos se ganarán por las masacres evitadas, por las muertes impedidas de líderes sociales y por la judicialización que se logre de los autores de los hechos violentos que ocurran en su jurisdicción, puede, en el afán de lograrse esto, generar un efecto similar a los abominables falsos positivos, pero en sentido contrario, es decir, fabricar pruebas y testigos falsos para conseguir condenas de inocentes que generen méritos para ascenso en la línea de mando.

Ya veremos si semejante sacudón sí se verá justificado y si la nueva política de seguridad humana permitirá acabar con tanta violencia, con los enfrentamientos entre los grupos ilegales, con las organizaciones criminales internacionales que tienen presencia en Colombia y, por supuesto, con la delincuencia común que tiene arrinconada la población civil.

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