El período que arranca

El pasado martes 20 de julio, el Congreso de la República instaló una nueva legislatura, la penúltima del actual período constitucional y una de las más singulares no solo por las limitaciones que imponen los riesgos del virus, sino por la coyuntura que vive el país en materia económica, política y social.

Está el país todavía luchando por reactivar su economía, por recuperar el empleo y por restablecer la normalidad, en medio de las más duras expresiones de inconformidad social y de insatisfacción con muchas de las decisiones del Gobierno Duque, y en la antesala de una contienda política que se asoma disputada como ninguna otra entre los sectores de oposición y la centro derecha; lo que hace especialmente difícil el tránsito de algunas de las iniciativas anunciadas tanto por el Ejecutivo como por los partidos políticos.

De todas maneras, el Gobierno había anunciado y así lo hizo, la radicación del nuevo texto de reforma tributaria, una iniciativa que, aunque hoy tiene un ambiente completamente distinto en el Congreso y en la mayoría de los sectores económicos y sociales, al que tuvo el anterior proyecto, no deja de ser un elemento promotor de diferencias y generador de polarización, que va a suscitar profundas discusiones dentro y fuera del Congreso.

Otra iniciativa que con seguridad va a acapara la atención y el debate interno y externo, es la anunciada reforma a la Policía. Aquí las discusiones se centrarán entre lo que propondrá el Gobierno y lo que han venido exponiendo los sectores de oposición, empezando por su propuesta de excluir la Institución del organigrama militar para pasarla a depender del Ministerio del Interior. Este proyecto, especialmente la visión opositora, tiene motivaciones que lejos de haber desaparecido, están cada día más vigentes.

El otro proyecto que está esperando el Congreso y que tiene tantos amigos como detractores y por tanto que dará para largas discusiones, es el que derogaría la llamada Ley de Garantías. Para quienes hoy están en el poder, es inútil y retrasa el desarrollo de los entes territoriales; pero para los que están fuera de él es al menos un limitante a poner el presupuesto y los recursos oficiales al servicio de las preferencias electorales de los mandatarios de turno.

Además, el Congreso tendrá la responsabilidad de tramitar el proyecto de Presupuesto, un ejercicio que este año no será fácil por la estreches presupuestal del país y los altos costos que ha impuesto la pandemia; y el que de alguna manera ajuste a el Legislativo a las nuevas condiciones de virtualidad que exige el mundo de hoy.

Ojalá, todos los nubarrones que se insinúan en el trabajo legislativo del período que se inició el pasado martes, se vayan desvaneciendo y el Congreso pueda abordar los distintos proyectos que lleguen a su consideración, con la amplitud y el juicio que ellos merecen y el país necesita, y, sobre todo, que la altura en el debate y el respeto por los demás sea el denominador común en la legislatura que arranca.

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