Un riesgo para la sociedad

Recientemente la Corte Constitucional, al resolver una demanda contra el numeral 4 del artículo 313 del Código de Procedimiento Penal, dijo que no es posible detener preventivamente y juzgar a una persona teniendo solo en cuenta su pasado judicial.

 

Con fundamento en esta norma, la Fiscalía pedía regularmente en los procesos que aquellas personas que eran nuevamente capturadas por la comisión de un delito que ya habían cometido, fueran privadas de la libertad por considerar que al reincidir en la misma conducta delictiva se convertían en un peligro para la sociedad.

 

El Alto tribunal en su reciente fallo consideró que la detención preventiva debe valorarse en concreto y de acuerdo con las características puntuales del delito que se investiga y no con las circunstancias ocurridas y valoradas a la luz de los fines específicos de otro proceso. Es decir, que la libertad de un procesado no puede depender de su pasado, sino que debe ceñirse a las condiciones del caso por el cual se le procesa.

 

Es claro, que una persona no puede ser juzgada sino por el acto que se imputa, Ese un principio constitucional y legal que no tiene discusión. Sin embargo, en el asunto en discusión no se trata de juzgar una persona por su pasado, sino de evaluar su peligrosidad y mantenerlo privado de su libertad mientras su proceso avanza y el juez respectivo toma una decisión final.

 

Es una media preventiva con una persona que tiene antecedentes de haber cometido el mismo delito o uno parecido y que su conducta reincidente constituye una amenaza para los asociados. No se trata de juzgarlo por hechos pasados, sino de proteger a la sociedad de una persona que a pesar de que ya ha sido detenido por una conducta delictiva, sigue cometiendo el mismo delito.

 

Quién puede estar en desacuerdo, por ejemplo, con que una persona que ha sido llevada 20 o 30 veces a la misma estación de policía por un raponazo o un hurto a mano armada, es un peligro para la sociedad. Cómo hace un juez al momento de decidir la situación de un detenido, para olvidarse completamente que esa persona ha pasado por ese estrado decenas de veces por el mismo delito.

 

Hay quienes sostienen, para respaldar la decisión de la Corte, que las cárceles del país no son centros de rehabilitación y resocialización, sino escuelas del crimen y lugares donde se viola los más elementales derechos humanos; pero, siendo cierto, eso no puede ser un argumento válido para dejar libre a todo el que no importándole cuántas veces ha sido detenido sigue cometiendo el mismo delito.

 

Un delincuente al que le ha sido borrado su pasado, por cuenta del fallo de la Corte, será, ya sin la posibilidad de ser considerado un riesgo para la sociedad, en adelante, no tenemos la menor duda, un surtidor de inseguridad y un desestimulo para quienes todos los días hacen esfuerzos gigantescos para librar a los ciudadanos de los criminales.