Un llamado a donar

Según el Instituto Nacional de Salud, Risaralda es el departamento del país con más alta tasa de donación de órganos. De acuerdo con un reciente informe conocido con motivo de celebrarse el Día Internacional de la Donación de Órganos y Tejidos, el índice de donantes en esta región es de doce por cada millón de personas, un número bien superior al promedio nacional que es de 8.6 por millón.

Esto tiene mucho mayor valor y significación si se tiene en cuenta que, según lo expresó la doctora Sandra Vanesa Gómez, médica-coordinadora de donación de órganos y tejidos de Risaralda, Quindío y Norte del Valle, en una reciente entrevista con este medio, hace diez años no había un solo donante en nuestro departamento.

Hoy, según lo afirmado por la doctora Gómez, en Risaralda hay 135 donantes, cada uno de los cuales puede beneficiar unos 50 pacientes, lo que significa que en total las personas que pueden resultar favorecidas con esto pueden llegar a ser unos 6.500, un dato sin duda pequeño para la demanda de órganos donados, pero importante si se tiene en cuenta la poca cultura que hay para donar los órganos.

Basta saber que en Colombia había al momento de hacerse este estudio, 2266 personas esperando un trasplante de riñón, 125 de hígado, 19 de corazón y 30 de pulmón, para tener una idea de la magnitud de los pacientes que están esperando un donante para salvar su vida y de la poca disponibilidad de órganos que puedan satisfacer esta necesidad.

Por fortuna a partir del año 2016, cuando se expidió la ley que regula la donación de órganos, el acto de donar se volvió menos complejo. Antes para poder donar había que tener un carnet e inclusive teniéndolo, una vez moría la persona, había que consultarle y pedirle autorización a la familia para poder utilizar los órganos del recién fallecido.

Ahora, es obligatorio ser donante. El que no quiera donar tiene que ir a una notaria y manifestarlo por escrito y luego entregar el documento al Instituto Nacional de Salud o a la EPS respectiva para que cuando muera no se haga uso de sus órganos. De lo contrario el instituto puede hacer uso de todos los órganos de la persona fallecida.

De todas maneras, la cantidad de donaciones en el país sigue siendo muy baja a pesar de que la ley que obliga a donar los órganos cuando se pueden utilizar para un trasplante, tiene ya casi cuatro años de vigencia.  El desconocimiento, la falta de cultura de donación y la cantidad de requisitos ha hecho que el número de donaciones siga siendo muy pequeño en comparación con las necesidades de los colombianos.

Por todo esto, es que tiene tanto sentido el llamado que ha hecho la doctora Vanesa Gómez para que las entidades de salud reporten inmediatamente cuando una persona con muerte cerebral, por ejemplo, a ser desconectado, para que sus órganos puedan ser utilizados por alguno de los cientos de pacientes que están esperando un órgano para poder seguir viviendo.