¿Quién pierde realmente?

El fallo de la Superintendencia de Industria y Comercio que llevó a la plataforma tecnológica “Uber” a tomar la decisión de cancelar su operación en Colombia, por supuesto que le da gusto al gremio de taxistas, pero quien más resulta perjudicado es el ciudadano corriente que es el usuario del transporte publico individual.

 

Los taxistas venían desde hace tiempo presionando a las autoridades con paros en varias ciudades del país para que intervinieran regulando la operación de esta plataforma, e inclusive en muchas partes habían recurrido a las vías de hecho, para evitar que vehículos asociados al sistema prestaran el servicio, en lo que consideraban una competencia desleal e inequitativa.

 

A partir entonces del próximo 31 de enero, según lo han anunciado los representantes de la plataforma en Colombia, “Uber” dejara de prestar el servicio de transporte individual que venían prestando desde hace ya varios años en las principales ciudades del país, incluida Pereira.

 

Claro que en este tema había asuntos que era importante reglamentar y que podrían estar dándole cierta ventaja al sistema “Uber” frente al servicio tradicional de taxis; sin embargo, no se puede desconocer que la plataforma era, en primera instancia un regulador importante del mercado y, en segundo término, una alternativa valiosa para los usuarios del transporte público individual.

 

El hecho de una persona poder solicitar por su celular el servicio en cualquier parte donde se encuentre, recibir una respuesta inmediata y siempre positiva, saber exactamente cuánto le va a costar su transporte y quién lo va a transportar y en qué vehículo, era una ventaja que hoy no ofrece el sistema tradicional de taxis.

 

En las grandes ciudades y en Pereira por supuesto, es común que una persona solicite un servicio de taxi y reciba como respuesta la negativa del conductor porque a esa hora la vía está cogestionada, o el sector es peligroso; o le cobren una tarifa desproporcionada; o el le den un trato que no es el esperado; o simplemente el vehículo ofrecido no esta en condiciones adecuadas para prestar esta clase de servicios.

 

En este espacio hemos sostenido que el único culpable de la existencia de “Uber” o de cualquier otra plataforma tecnológica que tenga el mismo propósito de este, son el mismo gremio de taxistas. Mientras la calidad y la oportunidad del servicio que prestan los taxistas tenga tantas deficiencias, va a existir, no importa como se llame, un servicio privilegiado como el que ofrece la plataforma a punto de desaparecer.

 

De todas maneras, ojalá todo lo que se ha dado a raíz del fallo de la Superintendencia y la decisión de “Uber” de levantar su operación en Colombia, sirva para revisar el servicio que presta el transporte público individual tradicional, la calidad, la oportunidad, el precio y, tal vez lo más importante, la seguridad para el usuario. Lo que la gente quiere realmente es un buen servicio, no importa quién lo preste.