Hay sensación de inseguridad

En Pereira, según un informe de la Secretaría de Gobierno Municipal, se registraron en promedio durante el año pasado once casos de hurto a personas cada día. Si de acuerdo con la Encuesta de Percepción Ciudadana de “Pereira Cómo Vamos”, el 55% de las personas víctimas de este delito no acude a las autoridades a denunciarlo, este preocupante dato se convierte en unos 24 o 25 robos diarios.

Hace unos días el alcalde Carlos Alberto Maya en una rueda de prensa dijo que en el mes de enero pasado los homicidios, las lesiones personales y la mayoría de los delitos de alto impacto, habían disminuido frente al mismo período del año pasado; pero de los hurtos a personas nada dijo, lo que dejó la sensación de que en el 2020 esta modalidad delictiva sigue en aumento.

Después del consumo de estupefacientes en las calles y parques de la ciudad, el hurto a personas es el delito que más sensación de inseguridad genera entre la población. Por eso, es tal vez la conducta delictiva a la que más atención le deberían prestar las autoridades si se quiere generar una imagen de ciudad tranquila y segura.

Sin embargo, esto no ocurre así. Las autoridades, especialmente las de policía, le dan toda la prioridad y le dedican todo el esfuerzo a combatir y a disminuir los índices de homicidios, un delito por supuesto de muy alto impacto, pero que, por no ser tan frecuente, ni ocurrir en todos los lugares y barrios de la ciudad, no produce esa sensación de desprotección y miedo que genera el robo callejero.

Nada transmite más inseguridad que salir a la calle y ver que a quien va adelante caminando el arrebataron el celular, o estar en la estación del Megabús y ver que a la señora del lado le sacaron la billetera de la cartera, u observar mientras se espera el cambio del semáforo que al conductor de adelante lo amenazaron con un arma para que entregue el paquete que tiene al lado.

Hoy caminar por el centro de la ciudad después de la siete de la noche, o recorrer a pie la Circunvalar a cualquier hora del día, o tomar un articulado en ciertas estaciones, o viajar en carro con las ventanas abiertas, o transitar solo por muchos de los barios y las calles de la ciudad, es un riesgo real.

En Pereira hay bandas organizadas que se dedican a atracar a los ciudadanos que pasen por las zonas donde ellos operan. Lo más grave de esto es que las autoridades no solo las tienen detectadas y saben quiénes las integran, sino que conocen en dónde esconden lo robado y quién les compra el fruto de sus ilícitos, y nada se hace para desmantelarlas.

Si hay algo que tiene que cuidar una ciudad que aspira a ser un lugar atractivo para la inversión y en un destino turístico importante para los nacionales y extranjeros, es la seguridad y la percepción de sitio tranquilo y seguro. De allí la importancia de redoblar los esfuerzos para combatir el hurto y devolverle la tranquilidad a los pereiranos.