Deshonroso primer lugar

Vergonzoso, por decir lo menos, es el resultado del informe acabado de entregar por la ONG Transparencia Internacional sobre la percepción que tienen los ciudadanos de 180 países, sobre el problema de la corrupción y en el que nuestro país aparece ocupando el nada honroso primer lugar, seguido de México y de Ghana.

El documento publicado por el US News y recogido por Transparencia Internacional, es el resultado de la encuesta anual que se hace para medir la manera como los 20.000 ciudadanos consultados en los distintos lugares, asociaron la corrupción con los distintos países del mundo.

En este ejercicio que hace cada año la ONG alemana desde 1995, Colombia había aparecido en el punto medio del ranking, entre los puestos 90 a 100, pero el año pasado por razones que tienen que llamar la atención y a la reflexión a los distintos estamentos e instituciones nacionales, el país saltó al primer lugar de la tabla.

Se dirá que en el país no ha ocurrido nada extraordinario como para que Colombia haya pasado del puesto 99 que ocupó en la medición anterior a la cabeza de la lista de los países más corruptos del mundo; pero cuando se hace memoria en detalle de todos los cotidianos escándalos que cada día se conocen en el país, hay que aceptar -no hacerlo es una necedad- que entre nosotros este problema ha avanzado de una manera desbocada y, lo peor, en donde ninguna entidad, ni institución, ni sector, escapa a él.

Hasta no hace mucho, por ejemplo, la justicia o la institución presidencial eran sectores en los que ni la mente más perversa, los ponía en tela de juicio en materia de transparencia y honestidad; hoy magistrados de las más altas cortes están detenidos o investigados por montar un lucrativo negocio alrededor de las decisiones judiciales, y ningún colombiano duerme tranquilo porque tiene la certeza de que el último presidente no fue elegido con los dineros de la corrupción.

Para nadie es un secreto que hoy en Colombia un altísimo porcentaje de las licitación están amarradas, que los concursos de méritos son una farsa, que los alcaldes y gobernadores llegan a sus cargos con todo feriado, que todos los fallos judiciales tienen tarifa, que el voto en las corporaciones públicas vale puestos y contratos, y que la mermelada sigue siendo la unidad única de cambio entre el gobierno, a todos los niveles, y todos los actores de la vida nacional, así el Presidente se empeñe en decir que esta práctica está hoy proscrita en su gobierno.

Duele, pues, el resultado de la ultima medición de la percepción que entre los ciudadanos hay sobre el grave problema de la corrupción y lastima que la inmensa mayoría de los dirigentes nacionales en vez de reconocer esta realidad e invitar a la reflexión y a la contrición, se empeñen en tratar de tapar el sol de una verdad inocultable, con las mismas manos con las que han estimulado este horrible mal en el país