¿A quién se le hace caso?

Por disposición del Presidente de la República las personas mayores de setenta años, deberán permanecer en sus casas a partir de mañana a las siete de la mañana y hasta el 31 de este mes, y solo podrán salir en casos excepcionales como una cita médica, o para comprar medicamentos, o para acceder a un servicio financiero. Todo esto como medida preventiva para enfrentar los riesgos de propagación del coronavirus.

 

Sin embargo, el Alcalde de Pereira, como lo han hecho los de otras ciudades del país, decretó el toque de queda para las personas mayores de 65 años y los menores de 15 años, población más vulnerable a la pandemia, y su vigencia empezó ayer miércoles desde las seis de la mañana y se extenderá hasta el próximo martes a la misma hora.

 

La pregunta obvia que muchos se hacen es si para los pereiranos el confinamiento preventivo y obligatorio rige a partir de los 65 años o de los 70 como los estableció el presidente Duque. Por supuesto, lo que se quiere es de tratar de proteger un segmento importante de la población que estén un riesgo mayor de contraer el virus; pero cualquier medida contradictoria que se dicte en un momento en que la gente está angustiada por lo que está pasando y pueda pasar, en nada ayuda a la necesaria calma que se debe mantener, a no dejarse confundir por las informaciones falsas, a creer solo en lo que dicen las autoridades y en acoger las medidas que adopta el Gobierno.

 

Claro que en cuestión de orden público el que mejor conoce las condiciones de su municipalidad es el alcalde; pero no cae bien que mientras el Presidente dicta una norma para todo el país, los mandatarios locales hagan lo propio y en sentido diferente a lo establecido por la autoridad nacional.

 

Los alcaldes y gobernadores debería dejar que el mandatario nacional maneje los temas de orden público, si se puede llamar así, y concentrarse en el control de otros asuntos más propios y puntuales y que se derivan de la incertidumbre que ha generado la llegada del virus y la incapacidad de las autoridades de salud para contenerlo.

 

La angustia de la propagación del virus y de lo que puede pasar en los próximos días, ha generado en la población, por ejemplo, escasez de alimentos y de artículos para el uso personal de los habitantes, y detrás de esto ha habido acaparamiento y especulación, sin que las autoridades correspondientes estén haciendo algo para controlarlo y evitar que los avivatos de siempre estén haciendo su agosto por cuenta de la incertidumbre y el  pánico que está causando el virus.

 

En este momento, pues, de tanta confusión e incertidumbre, lo que menos contribuye a que la gente siga las recomendaciones de las autoridades y se tranquilice, son las directivas e instrucciones contradictorias que llegan del Presidente de la República, de los gobernadores y de los alcaldes municipales. Ojalá, esto se corrija y se unifique para bien y seguridad de todos.    

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