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lunes, mayo 20, 2024

¿De qué sirve este esfuerzo?

No hay duda de que el llamado día sin carro y sin moto significa un esfuerzo económico, comercial, institucional o personal muy grande. Todos, unos más y otros menos, pero en general todos, hacen un sacrifico para cumplir con el propósito de darle un respiro al aire que respiramos en nuestras ciudades.

 

Hay unos que dejan de vender sus productos por la limitación que trae la dificultad de movilizarse por sus propios medios; otros no pueden prestar sus servicios con la facilidad que lo hacen en un día normal; otros más prácticamente tienen que cerrar sus negocios ante la nula actividad comercial de la ciudad y no pocos se ven obligados a tomar ese día como de descanso, porque sin transporte privado les es imposible cumplir con sus labores.

 

Ese día los únicos que ganan, por fortuna, son las ciudades que participaron de la jornada del día sin carro y sin moto y, por supuesto, todos sus habitantes, que ven aliviar su atmósfera y su medio ambiente de decenas de miles de toneladas de contaminantes, y que, claro está, son la razón de ser de apagar por doce horas los motores de un número muy significativo de vehículos.

 

Pero todo este esfuerzo tiene sentido, si los vehículos que quedan en circulación, por razones de su actividad, como los que prestan un servicio que no puede parar, o los que transportan alimentos perecederos, o los que garantizan la seguridad de la ciudad, o los de transporte escolar, o los de las entidades de salud, o los de las instituciones de atención de emergencias; o los buses y taxis; no remplazan, con sus emisiones de gases, la contaminación que dejan los que hacen el esfuerzo de parar sus motores.

 

Decimos esto, porque ese día, tal vez por el poco número de vehículos que se veía en las calles, fue fácil observar que los automotores que había circulando, eran precisamente los que se debieron quedar guardados y con los motores apagados. Eran decenas de buses especialmente, que es difícil explicar cómo hicieron para pasar la obligatoria revisión técnico-mecánica que deben hacer periódicamente todos los automotores que circulan por las vías del país y que garantizan que sus emisiones de gases no sobrepasan los límites tolerables para la salud de los ciudadanos.

 

No tiene sentido, ni justifica el esfuerzo que toda una ciudad hace para dejar descansar por unas horas el aire que respira, si los pocos carros que quedan circulando se encargan de reemplazar, y con creses, todo el monóxido de carbono que no emitieron los vehículos que se dejaron guardados.

 

Nos parece, pues, que mientras la ecuación esté inversa, es decir que mientras los vehículos que menos contaminan sean los que están apagando sus motores, y los que más gases contaminantes emiten, sean los que se quedan circulando, se podrá realizar un día sin carro cada semana, y el resultado será ninguno.

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