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jueves, diciembre 1, 2022

Datos preocupantes

Con motivo de la conmemoración esta la semana que terminó del Día Internacional Contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños, se conocieron datos y reportes preocupantes. Cada vez son más las formas de esta dolorosa práctica y más las víctimas de los promotores y explotadores del sexo.

Las redes sociales, el contenido sexual autogenerado por los menores, los grupos de whatsapp y los encuentros virtuales donde los niños y adolescentes comparten fotografías e imágenes fuertes, son algunas de las modalidades de explotación sexual que han cogido más fuerza cada día e involucran más niños y niñas.

En Colombia, según la línea de reporte “Te Protejo”, para no tomar, sino esta referencia, desde que se puso en servicio este canal, se han recibido 102.251 reportes de explotación sexual de menores, de los cuales el 93.2% corresponden a situaciones en entornos digitales, 87.8% casos de material de explotación sexual de niñas, niños y adolescentes, y 5.4% situaciones de ciberacoso como grooming o extorsión con contenido sexual.

Ahora, en lo que tiene que ver con la explotación tradicional de menores, los casos de niños y niñas que venden sus cuerpos por dinero, o a cambio de estupefacientes, o por la entrega de un celular, o la participación en una reunión social, o porque son obligados por sus propios padres, los registros no pueden ser más preocupantes.

En Pereira, según la Personería Municipal, el creciente fenómeno de la migración, especialmente de venezolanos, ha multiplicado por dos y hasta por tres los casos de explotación sexual de menores. De acuerdo con la entidad, es fácil apreciarlo en la Plaza de Bolívar y en los sitios acostumbrados, donde en las horas de la noche y ciertos días de la semana aumenta la presencia de mujeres y hombres jóvenes que ofrecen su cuerpo.

Esto además, por supuesto, de las convocatorias que se hacen a través de las redes sociales y las plataformas digitales, a fiestas en sitios privados donde por determinado dinero se ofrece droga, licor, la compañía de un menor de edad y otras prácticas que atentan contra la dignidad de los menores participantes.

Lo más preocupante de esto es que si las autoridades han sido incapaces de controlar la explotación sexual de menores que se realiza públicamente y a los ojos de todo el mundo, difícilmente lo podrán hacer cuando se lleva a cabo a través de la virtualidad y valiéndose del anonimato que ofrecen las redes sociales.

El gran reto, entonces, que tienen las autoridades es, por supuesto, combatir y reducir la explotación sexual tradicional de niños y adolescentes, esa que se da en las calles y parques de la Ciudad, en los establecimientos públicos y las reuniones sociales; pero principalmente la que se produce en las redes sociales y en las plataformas digitales, y que dolorosamente está creciendo como espuma y que cada vez involucra a niños y niñas de más corta edad.

Para estar informado

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