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sábado, noviembre 26, 2022

Contra la mendicidad infantil

La mendicidad infantil es un problema que ha vivido la Ciudad desde hace mucho tiempo con el agravante que a nadie parece importarle. Los padres son los primeros promotores de esta aberrante práctica, las autoridades nada hacen por evitar el abuso y la sociedad es como si estas personas no hicieran parte de ella.

No se necesita mucho para conocer el alcance de este grave problema. Basta recorrer las calles más céntricas, o visitar los principales parques y plazas, o pasar por los semáforos más concurridos, para ver como decenas de niños y niñas de muy corta edad permanecen apostados en los andenes invocando la solidaridad de los transeúntes o se arriman a los vehículos aprovechando el cambio de los semáforos, para pedirle una moneda a los conductores de buen corazón.

O lo que es más doloroso, ver a madres, entre otras cosas también de muy corta edad, que valiéndose de un niño de brazos tratan de despertar lástima y una mayor solidaridad entre los ciudadanos, poniendo al pequeño a que estire la mano o se le acercan a los vehículos en los semáforos y pida la ayuda.

Todo esto no solo cometiendo el abuso de valerse del niño para conseguir dinero, sino exponiéndolo a los riesgos de la calle y de la congestión vehicular. Es común por ejemplo, ver en los semáforos de mayor tráfico como las madres dejan que sus pequeños hijos corran entre las filas de vehículos, en procura de un conductor que les regale una moneda.

O madres que entregan a sus pequeños hijos unos cuantos dulces para que estos los ofrezcan a los transeúntes o a los vehículos mientras hacen el pare, como una manera simplemente de disfrazar una mendicidad que está prohibida y que muchas veces genera el rechazo de los ciudadanos.

Por todo esto tiene tanto sentido la campaña que acaba de iniciar la Policía a través del grupo de Infancia y Adolescencia y dirigida a evitar que se utilice a niños y niñas para la práctica de la mendicidad y a, si se logra detectar a mayores utilizando a estos para fines lucrativas, separarlos del menor y aplicarles las sanciones correspondientes.

Una madre que no tiene inconveniente en utilizar a su pequeño hijo para generar pesar en la gente y conseguir un fin económico o que arriesga su vida llevándolo a un sitio peligroso para él con el mismo propósito, no merece que se le permita seguir gozando de su cuidado y de los derechos que le otorga la ley.

Ojalá, esta campaña no se trate de una acción aislada y eventual, sino que se convierta en una práctica permanente que corrija ese mal que hace rato golpea la Ciudad y al que parece no importarle a nadie, a pesar de lo evidente y de los dañinos efectos que produce en los menores y en la comunidad.

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