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domingo, octubre 2, 2022

Apenas empieza

El pasado lunes el Gobierno Nacional, a través del nuevo Ministro de Hacienda, radicó en el Congreso el anunciado proyecto de Reforma Tributara, una iniciativa que de ser aprobada entrará en vigencia a partir del primero de enero del próximo año salvo aquellas disposiciones que tienen un término diferente establecido por la propia norma.

Por supuesto, el debate apenas empieza y por las primeras observaciones que sectores distintos a los aparentemente más afectados con la reforma le han hecho a la propuesta, se espera una discusión candente y larga, no solo en los escenarios fuera del Congreso, sino en las propias comisiones y plenarias del Legislativo.

Pocos sectores desconocen la necesidad que tiene nuestra sociedad de ser más justa y equitativa con una franja importante de la población que ha carecido desde hace muchos años de posibilidades ciertas de acceso a la educación, a la salud, al trabajo, a la vivienda, a la recreación y en general a una vida digna; como tampoco que para lograrlo es indispensable la solidaridad de los que más tienen.

La mayoría de los colombianos entiende y acepta que para cerrar la brecha social y para reducir tanta desigualdad, el Gobierno necesita de unos mayores recursos y que estos solo es posible obtenerlos con el apoyo solidario de aquellos ciudadanos y aquellas empresas que tienen más capacidad para hacerlo.

Por eso, pocos discuten hoy la necesidad de un ajuste al sistema de tributación del país, de tal manera que le permita al nuevo gobierno tener los recursos suficiente para adelantar los programas de inversión y apoyo social en los que tanto ha insistido y con los que se comprometió el presidente Petro durante la campaña presidencial. 

Sin embargo, hay que tener cuidado con los alcances del ajuste y la dimensión de los nuevos impuestos que se pretende imponer, para que de pronto no vayan a ahuyentar la iniciativa privada, a desestimular la inversión y, lo peor, a estimular la evasión. Cuando los tributos son excesivamente altos, cuando rayan de confiscatorios, muchos contribuyentes buscan el atajo para disminuir el impuesto y hacer menos onerosa su actividad.

Ojalá, pues, el debate que se ha abierto y la discusión que se empieza a dar en distintos escenarios, pero especialmente en el Congreso, permita encontrar el punto medio que dé al gobierno los recursos para avanzar en los programas sociales que ha anunciado; pero que no se ensañe con quienes siempre han sido los sostenedores del Gobierno, ni golpee especialmente a las pequeñas empresas. 

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