Con el discurso del viernes y las decisiones tomadas apenas horas después, quedan razones para mirar adelante con optimismo y confiar en que de verdad el país vive un nuevo amanecer.
El discurso de posesión del presidente Abelardo de la Espriella el pasado viernes en Cali, en el Batallón Pichincha, luego del acto de juramento ante el Congreso, abre una ventana de esperanza. Su llamado a recuperar el orden, la autoridad, la seguridad, las finanzas, la transparencia, la institucionalidad y la figura del Jefe del Estado, responde a un clamor evidente de millones de colombianos. 
El anuncio de una ofensiva frontal contra el narcotráfico, el terrorismo, la extorsión y las organizaciones criminales marca una diferencia fundamental. El Estado no seguirá cediendo territorios ni permitiendo que delincuentes impongan sus reglas. La seguridad volverá a ser prioridad. Habrá presencia estatal permanente. 
También resulta alentadora la decisión de respaldar sin ambigüedades a la Fuerza Pública. Soldados y policías tendrán un Gobierno que reconozca su sacrificio, les entregue herramientas y les garantice su actuar dentro de la Constitución y la ley. Recuperar la autoridad será primer punto de la agenda.
En materia económica, el llamado a contener el gasto y enfrentar la difícil situación fiscal es oportuno. El país no puede seguir gastando por encima de sus posibilidades. Ordenar las finanzas, estimular la inversión y fortalecer al sector privado son condiciones indispensables para recuperar el empleo, el crecimiento y el bienestar. Las cuentas se ordenarán responsablemente. 
Igualmente importante es su compromiso con una administración basada en el mérito, con convocatorias abiertas y una lucha decidida contra la corrupción. Colombia está cansada de privilegios, pago de favores y contrataciones a la medida. La transparencia no será una promesa más, se convertirá en una práctica diaria del Gobierno. La lucha cobijará a todos, sin privilegios. 
En salud, la recuperación del sistema y la defensa de quienes trabajan en él representarán una prioridad inaplazable. Millones de colombianos esperan atención oportuna, medicamentos y dignidad. El nuevo Gobierno trabajará para devolverle la estabilidad a un sector que es esencial y la confianza a sus usuarios. La salud tendrá, según el Presidente, recursos y eficiencia.
Hay, además, un mensaje que llena una vieja expectativa, gobernar desde las regiones. La decisión de iniciar esta etapa en Cali y la promesa de darles mayor protagonismo a los territorios ayudarán a cerrar las enormes brechas que todavía separan a Colombia de sus regiones. Es una buena señal para la provincia y para su anhelada autonomía. 
El nuevo Presidente recibe un país difícil, dividido y con enormes problemas. Pero también recibe una ciudadanía que quiere trabajar, producir y vivir en paz. Con el discurso del viernes, los anuncios de ese día y las decisiones tomadas apenas horas después, quedan razones para mirar adelante con optimismo y confiar en que de verdad el país vive un nuevo amanecer.