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viernes, agosto 12, 2022

Alentadoras, pero…

Es tendencia

Apenas empieza

Sombrío panorama

El discurso de Petro

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Según datos del Registro Único Nacional de Tránsito (Runt), en el mes de mayo pasado se matricularon en el país 69.886 motocicletas, el registro más alto en toda la historia en lo que se refiere a este vehículo, para un total en los primeros cinco meses del presente año, de 356.962 motos.

Este último dato significa un incremento del 36% frente a los aparatos matriculados en el mismo período del año pasado. De otro lado, Andemos, la entidad que agremia el sector de los vehículos de dos ruedas, estima que al final del año el número de motocicletas nuevas en circulación será de aproximadamente 900.000 unidades.

Por supuesto que estas cifras son alentadoras, porque de alguna manera muestran, de un lado el fortalecimiento de un sector importante de la economía como es el de los vehículos y del otro, la recuperación de consumo en una franja de la población que no es propiamente a la que le sobra el dinero, sino que tiene que hacer un esfuerzo de ahorro para adquirir un bien relativamente costoso y que no es de primera necesidad.

Sin embargo, este halagador informe tiene una connotación especial de preocupación por lo que también le aporta a la altísima siniestralidad vial del país y fundamentalmente a los altos registros de accidentes de tránsito en los cuales está involucrada una motocicleta.

Según datos recientes de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, de cada diez accidentes ocurridos en las vías del país, al menos en siete hay de alguna manera una motocicleta de por medio y algo aún más preocupante, de cada diez personas que pierden la vida en un accidente de tránsito, nueve iban a abordo de una moto o fueron atropellados por este aparato.

Lo grave de esto y por supuesto del incremento desbordado de nuevas motocicletas en las calles de las ciudades, es que nada están haciendo las autoridades para enfrentar este fenómeno y para procurar que el impacto en la seguridad vial y en la vida tanto de quienes utilizan este versátil medio de transporte, como de los ciudadanos, sea el menor posible.

Lo que se observa en las  calles y vías de nuestras ciudades es que cada día es más difícil conducir un vehículo tradicional, más riesgoso cruzar una vía no importa si se hace por las cebras y cuando los semáforos respectivos lo autoricen, y más peligroso pasar de una acera a otra donde no hay señales que lo faciliten.  Cada vez la jauría de motos que circula en la ciudad lo hace a más velocidad, respeta menos las señales de tránsito, atienden menos los semáforos, son más temerarios al adelantar por el medio de las dos líneas de vehículos, son menos respetuosos de los peatones y, lamentablemente, tienen menos control por parte de las autoridades de tránsito. Si no se le pone atención a este crecimiento desmesurado de motos en las vías y las autoridades de tránsito entienden que estos vehículos son como cualquier otro que deben acatar los normas de tránsito y respetar a los peatones, no queremos imaginar siquiera cuál va a ser el crecimiento al final de año de los accidentse viales, de los heridos y de las vidas perdidas.

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