El 0-3 ante Medellín volvió a desnudar las falencias del Matecaña. Reyes suma apenas cuatro triunfos en 28 partidos oficiales y su ciclo ya entra en una comparación incómoda con las campañas más pobres del club.
El Deportivo Pereira volvió a perder y esta vez no hubo margen para maquillar el resultado. Independiente Medellín lo derrotó 3-0 en Palmaseca, escenario en el que el cuadro risaraldense tuvo que ejercer como local, y dejó nuevamente sobre la mesa una pregunta que empieza a resultar inevitable: ¿hasta cuándo puede sostenerse un proceso cuyos números están entre los más bajos de la historia reciente del Matecaña?
El equipo de Arturo Reyes resistió durante el primer tiempo e incluso generó aproximaciones para abrir el marcador, pero todo se desmoronó después del descanso. John Montaño marcó al minuto 47, Yony González amplió la diferencia cuatro minutos después y Keiner Klinger cerró la goleada al 80. Pereira no encontró reacción y terminó ampliamente superado por un Medellín que aprovechó cada concesión.
La derrota no puede analizarse únicamente como un mal partido. El problema está en la acumulación de resultados. Reyes, quien asumió el equipo para 2026, completó con este encuentro 28 partidos oficiales al frente del Pereira: cuatro victorias, 11 empates y 13 derrotas. Es decir, el entrenador ha ganado apenas uno de cada siete compromisos disputados.
La estadística es todavía más dura cuando se mira exclusivamente la Liga. Sumando los 19 encuentros del primer semestre y los cinco que el Pereira ha podido disputar hasta ahora en el segundo, el registro es de 24 partidos, dos victorias, nueve empates y 13 derrotas. Son apenas 15 puntos obtenidos de 72 posibles: un rendimiento cercano al 21 %.
Un primer semestre para el archivo de las peores campañas
El Apertura 2026 ya había dejado una señal que no debería pasar inadvertida. Pereira terminó último entre 20 equipos, con apenas 10 puntos en 19 fechas, producto de una victoria, siete empates y 11 derrotas. Su diferencia de gol fue de -17.
Para dimensionar lo ocurrido basta mirar algunos de los capítulos más dolorosos de la historia del club.
En el Finalización 2004, Pereira acabó último con 13 puntos en 18 partidos, una campaña recordada durante años entre las más deficientes del conjunto risaraldense.
En 2010-II, en plena crisis que terminaría conduciendo al descenso, el Matecaña no ganó un solo partido: hizo nueve puntos, gracias a nueve empates, y perdió otros nueve compromisos.
Y en el Apertura 2011 sumó solo ocho unidades, con una victoria, cinco empates y 12 derrotas. Fue el preludio de la pérdida de la categoría.
Por eso, afirmar que el ciclo de Reyes está entre los más pobres no es una percepción de la tribuna. Los números permiten ubicar su primer campeonato completo —10 puntos— en el mismo vecindario estadístico de aquellas temporadas que quedaron marcadas como algunas de las peores del Deportivo Pereira en la era de los torneos cortos.
No es, estrictamente, la peor campaña de todas: las de 2010-II y 2011-I tuvieron puntajes inferiores. Pero que el Pereira de 2026 esté obligado a compararse con los equipos de aquellos años ya debería ser suficiente para dimensionar la gravedad del momento.
Las explicaciones existen, pero los resultados también
Sería injusto ignorar el contexto. Reyes no ha trabajado en condiciones normales.
El Deportivo Pereira ha atravesado una profunda crisis administrativa y económica. La FIFA le impuso una restricción para inscribir jugadores por obligaciones pendientes, situación que condicionó seriamente la conformación de la plantilla para el segundo semestre.
A ello se sumó la suspensión del reconocimiento deportivo y, posteriormente, el terremoto del 10 de agosto, que afectó directamente a Pereira, a familiares de integrantes del plantel y obligó a modificar la programación y los escenarios de algunos partidos.
Son atenuantes reales. Pero una cosa es explicar las dificultades y otra convertirlas en una justificación permanente.
Porque antes del terremoto el equipo ya venía último. Antes de tener que trasladar su localía ya había completado un semestre de diez puntos. Y antes de esta goleada los problemas de generación de fútbol, definición, solidez defensiva y regularidad estaban plenamente identificados.
Medellín necesitó cuatro minutos para desarmarlo
Ante el DIM volvió a aparecer otra debilidad preocupante: la fragilidad para responder a los golpes.
Reyes reconoció después del encuentro que su equipo había tenido oportunidades durante el primer tiempo, pero que el primer gol cambió completamente el partido. El segundo llegó apenas cuatro minutos después y Pereira tardó demasiado en reaccionar. El propio técnico admitió que ante una nómina como la de Medellín esas desconcentraciones terminan marcando diferencias.
Esa lectura también deja una crítica para el cuerpo técnico. Un equipo que lleva ocho meses bajo una misma conducción debería mostrar mecanismos para resistir momentos adversos, corregir durante el partido y competir incluso cuando el rival golpea primero.
El Pereira, en cambio, volvió a quebrarse.
¿Hasta dónde llega el respaldo?
Después del 0-3, Reyes aseguró que seguirá trabajando y que su intención es entregarle una alegría a Risaralda. El próximo desafío será frente a Millonarios, este domingo 6 de septiembre, nuevamente en el estadio del Deportivo Cali.
El discurso de resistencia es comprensible. Lo que cada vez resulta más difícil de defender son las cifras.
Cuatro victorias en 28 partidos oficiales. Dos triunfos en 24 juegos de Liga. Un último lugar con diez puntos durante el primer semestre. Y ahora una derrota 0-3 que vuelve a mostrar un equipo vulnerable.
Arturo Reyes no es responsable de la crisis financiera del Deportivo Pereira, tampoco del terremoto ni de las dificultades administrativas que han rodeado al club. Pero sí es el responsable deportivo de un equipo que, después de 28 partidos bajo su dirección, sigue sin encontrar una identidad suficientemente sólida ni resultados que respalden la continuidad del proceso.
Y en el fútbol, cuando las explicaciones comienzan a repetirse pero la tabla no cambia, los números terminan hablando más fuerte que cualquier discurso.


