Por Sebastián García Díaz
Periodista web del Diario del Otún
El delantero pereirano falló en la tanda ante Suiza, pero su presencia en la Selección Colombia representa un motivo de orgullo para Pereira y Risaralda.
La eliminación de Colombia del Mundial dejó tristeza, frustración y una imagen difícil para los hinchas: el penal fallado por Juan Camilo “Cucho” Hernández en la definición ante Suiza. Sin embargo, reducir la participación del delantero pereirano a ese cobro sería injusto con su historia, con su recorrido y con lo que significa para una ciudad ver a uno de los suyos vestir la camiseta de la Selección en la máxima competencia del fútbol.
El fútbol, muchas veces cruel en sus desenlaces, suele convertir un instante en sentencia. Pero una tanda de penales no resume la carrera de un jugador ni borra el mérito de haber llegado hasta allí. Cobrar en un momento de máxima presión también exige carácter. No todos se atreven a caminar hacia el punto blanco cuando un país entero contiene la respiración.
El Cucho falló, sí. Como han fallado grandes figuras del fútbol mundial en escenarios decisivos. Pero ese error no puede pesar más que el camino que lo llevó desde Pereira hasta la Selección Colombia, ni más que el orgullo que representa para una tierra que lo vio crecer futbolísticamente y que hoy puede decir que tuvo a un pereirano defendiendo los colores del país en un Mundial.
Colombia se despidió en octavos de final después de un partido cerrado, de alta exigencia y definido por detalles. La tristeza es comprensible, porque la ilusión era grande y el sueño de avanzar a cuartos estuvo cerca. Pero también es necesario entender que una eliminación no tiene un solo responsable. En el fútbol se gana y se pierde en equipo.
Para Pereira, la presencia de Juan Camilo Hernández en esta Selección debe quedar como una razón de orgullo. Su nombre estuvo en la lista de los elegidos para representar al país, compitió al más alto nivel y cargó con la responsabilidad de un momento que pocos futbolistas se animan a asumir.
Hoy, más que señalarlo, Pereira debe abrazarlo. Porque detrás del penal errado hay un jugador que ha construido su carrera con esfuerzo, talento y perseverancia. Y porque ningún cobro fallado puede borrar lo que significa que un hijo de esta tierra haya hecho parte de la Selección Colombia en una Copa del Mundo.
El dolor de la eliminación pasará. La historia del Cucho, en cambio, seguirá escribiéndose. Y Pereira, con la frente en alto, puede seguir sintiéndose orgullosa de uno de los suyos.


