Julián Cárdenas Correa
Columnista

No se entiende cómo un partido de derecha o un gobieno de derecha, que son en esencia liberales en lo económico, pretendan proteger a algunos sectores económicos. El proteccionismo es la antítesis del liberalismo y ahí sí todos nos enredamos y no entendemos quién es quién.

Por ejemplo ¿cómo se explica que se busque proteger a unos sectores específicos de la competencia externa como se propuso en el Plan Nacional de Desarrollo para el sector confecciones? ¿Es eso constitucional? ¿No se viola el principio de igualdad, al pretender proteger sólo a unos y no a todos?

Otra cosa que definitivamente no se entiende mucho es que algunos líderes políticos del partido de Gobierno, digan que acompañarán las marchas de los cafeteros, cuando éstas se invoquen, para presionar a que se den ayudas al sector. Si actuaran en consecuencia, el objeto de sus banderas no sería proteccionismo; lo que pedirían y presionarían, sería cómo mejorar las ventajas comparativas que se traducen en competitividad.

Pedir más subsidios, más protección, más garantías de precios, soluciona los temas en el corto plazo; pero nuestros sectores como el cafetero y el de confecciones necesitan soluciones estructurales y de largo plazo.
¿Por qué no desengavetar el estudio de los expertos que se entregó en 2015 sobre la caficultura y en el que quizás una de las sugerencias más contundentes fue revisar a profundidad por ejemplo la institucionalidad cafetera?
La revista Gerente en su más reciente número publicó el valor de una tasa de café en diferentes países, con el título ¿Es viable la caficultura? Por mencionar algunos ejemplos dicha publicación, entre otros precios de una tasa de café, citó: Oslo US$9.83, Estocolmo US$7.40, Moscú US$7.27, Madrid US$4.65 y Nueva York US$4.30. La respuesta es obvia, sí es un negocio rentable; pero no para nuestros caficultores.

No es apoyando marchas como se logra el cambio. Es liderando la mejora de la competitividad a través de la asociatividad, la innovacion, la profesionalización de nuestros caficultores y por qué no, a través del fomento de la competencia, entre muchas otras posibles medidas.

Necesitamos que nuestros jóvenes consuman café para incrementar el consumo interno del grano y depender menos en el largo plazo del mercado externo. ¿Cómo se logra? Un ejemplo quizás criticable pueda ser este: Dada nuestra banalidad y “rendición” ante ciertas marcas quizás tener cierta cantidad de Starbucks haga más atractiva a la bebida y ello traería competencia a Juan Valdez y nos veríamos “presionados” a aumentar el número de cafeterías y cafés más modernos y ello haría que afloren en número competidores que terminarían aumentando el consumo interno.

Eso se logra atrayendo la inversión, ofreciendo incentivos, creando cultura.
Seguir liderando soluciones a cuentagotas no marca ninguna diferencia y necesitamos que el liderazgo de nuestros políticos no sea de tamaño tan pequeño como el de un tintico o un pintadito.

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