*Carlos Julio Restrepo Velásquez
Columnista

Lo que hasta la caída del muro de Berlín fue una lucha entre modelos ideológicos y políticos para planificar el gobierno y estructurar el Estado, librada en los ámbitos económico y geográfico global, ha ingresado a la mente de los sujetos, como racionalidad gubernamental y minimización Estatal.

 

Los filósofos analizan la acumulación de conocimiento de quienes toman decisiones públicas sin ser políticos; los historiadores hacen prospectiva del futuro que nos espera con base en el presente, a donde llegamos con el pasado vivido sólo en los últimos 30 años; pero ni los filósofos ni los historiadores han sido escuchados cuando advierten los peligros de empequeñecer el Estado, restringir el debate, permitir el monopolio empresarial que igual compra emisoras y fábricas de alimentos, licita en contratos públicos y financia campañas políticas.

 

El cáncer, esa enfermedad autodestructiva que descontrola el crecimiento celular hasta producir tumores que matan, es una metáfora propicia para comparar el conocimiento desmesurado que se acumula en manos de seres desenfocados de la ética. Nos intoxica y distrae la información de las redes sociales, los noticieros, los vecinos y familiares en crisis, la naturaleza en riesgo ambiental, entre tantas fuentes informativas tendenciosas y morbosas.

 

Pero ignorar la situación no conviene; debemos pasar de entender a comprender, acercándonos a la historia y a la filosofía. Según la clasificación de los campos del conocimiento, áreas como historia y arqueología; idiomas y literatura; filosofía, ética y religión; artes, historia del arte, artes escénicas, música, entre otras, son parte de las humanidades; son el conocimiento necesario para comprender, decidir y cambiar.

 

Como periodista, me interesa la realidad en su contexto local y global, más que la emoción de quienes reciben la noticia; como profesor, la manera de develar la realidad de hoy y la futura, ante tantos estudiantes de actitud desparpajada, indiferente o enajenados por las ilusiones del mercado; como ciudadano analizo cada situación a la que me exponen el gobierno, la sociedad, el mercado, los medios masivos y las redes, conservando mi sentido de realidad.

 

Pero toda lucha por acercarse a la reflexión que ofrecen historia y filosofía sobre el peligro neoliberal que se camufló en el sujeto será inútil, si no cambiamos el modelo educativo para resolver la incertidumbre y la fatalidad que afecta a los jóvenes hoy; la posverdad es resultado de la trampa cínica del conocimiento usado contra sí. El neoliberalismo hizo metástasis en la mente.
*Subdirector de Gestión de Conocimiento, Universidad Cooperativa de Colombia

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