La resurrecci?n de Cristo es un acontecimiento real que tuvo manifestaciones hist?ricamente comprobadas. Los Ap?stoles dieron testimonio de lo que hab?an visto y o?do. Hacia el año 57 San Pablo escribe a los Corintios: ?Porque os transmit? en primer lugar lo mismo que yo recib?: que Cristo muri? por nuestros pecados, seg?n las Escrituras; que fue sepultado y que resucit? al tercer d?a, seg?n las Escrituras; y que se apareci? a Cefas, y despu?s a los doce?. Cuando, actualmente, uno se acerca a esos hechos para buscar lo más objetivamente posible la verdad de lo que sucedi?, puede surgir una pregunta: ?de d?nde procede la afirmaci?n de que Jes?s ha resucitado? ?Es una manipulaci?n de la realidad que ha tenido un eco extraordinario en la historia humana, o es un hecho real que sigue resultando tan sorprendente e inesperable ahora como resultaba entonces para sus aturdidos disc?pulos? A esas cuestiones s?lo es posible buscar una soluci?n razonable investigando cu?les pod?an ser las creencias de aquellos hombres sobre la vida despu?s de la muerte, para valorar si la idea de una resurrecci?n como la que narraban es una ocurrencia l?gica en sus esquemas mentales.

De entrada, en el mundo griego hay referencias a una vida tras la muerte, pero con unas caracter?sticas singulares. El Hades, motivo recurrente ya desde los poemas hom?ricos, es el domicilio de la muerte, un mundo de sombras que es como un vago recuerdo de la morada de los vivientes. Pero Homero jamás imagin? que en la realidad fuese posible un regreso desde el Hades. Plat?n, desde una perspectiva diversa hab?a especulado acerca de la reencarnaci?n, pero no pens? como algo real en una revitalizaci?n del propio cuerpo, una vez muerto. Es decir, aunque se hablaba a veces de vida tras la muerte, nunca ven?a a la mente la idea de resurrecci?n, es decir, de un regreso a la vida corporal en el mundo presente por parte de individuo alguno.

En el juda?smo la situaci?n es en parte distinta y en parte com?n. El sheol del que habla el Antiguo Testamento y otros textos jud?os antiguos no es muy distinto del Hades hom?rico. All? la gente est? como dormida. Pero, a diferencia de la concepci?n griega, hay puertas abiertas a la esperanza. El Se?or es el ?nico Dios, tanto de los vivos como de los muertos, con poder tanto en el mundo de arriba como en el sheol. Es posible un triunfo sobre la muerte. En la tradici?n jud?a, aunque se manifiestan unas creencias en cierta resurrecci?n, al menos por parte de algunos. Tambi?n se espera la llegada del Mes?as, pero ambos acontecimientos no aparecen ligados. Para cualquier jud?o contempor?neo de Jes?s se trata, al menos de entrada, de dos cuestiones teol?gicas que se mueven en ?mbitos muy diversos. Se conf?a en que el Mes?as derrotar? a los enemigos del Se?or, restablecer? en todo su esplendor y pureza el culto del templo, establecer? el dominio del Se?or sobre el mundo, pero nunca se piensa que resucitar? despu?s de su muerte: es algo que no pasaba de ordinario por la imaginaci?n de un jud?o piadoso e instruido. Robar su cuerpo e inventar el bulo de que hab?a resucitado con ese cuerpo, como argumento para mostrar que era el Mes?as, resulta impensable. En el d?a de Pentecost?s, seg?n refieren los Hechos de los Ap?stoles, Pedro afirma que ?Dios lo resucit? rompiendo las ataduras de la muerte?, y en consecuencia concluye: ?Sepa con seguridad toda la casa de Israel que Dios ha constituido Se?or y Cristo a este Jes?s, a quien vosotros crucificasteis?. La explicaci?n de tales afirmaciones es que los Ap?stoles hab?an contemplado algo que jamás habr?an imaginado y que, a pesar de su perplejidad y de las burlas que con raz?n supon?an que iba a suscitar, se ve?an en el deber de testimoniar.

 

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