Colonia venezolana pide no dar limosna

Estarían pagando alquiler de niños de otras personas para pedir dinero en los semáforos. Alerta autoridades.

Con preocupación ven algunos líderes de la colonia venezolana que residen en el departamento, principalmente en la ciudad de Pereira, el tema de la mendicidad por parte de esta población que se ha convertido en un negocio, lo cual -según los voceros- no representa al venezolano de bien que llega a la ciudad a producir y a aportarle a la economía de la región.

Así lo expresó Luz Polo, líder de esta colonia en la ciudad de Pereira, al señalar que “los venezolanos que están llegando desplazados de ciudades como Cúcuta, Bucaramanga y Bogotá han aumentado la mendicidad recolectando monedas en los semáforos, en los parques y el transporte público, teniendo como excusa la falta de permiso de trabajo o el no tener pasaporte para poder expedirlo”.

Migración legal

Polo manifestó además que “nosotros le apostamos siempre a la migración legal, ordenada y productiva, no queremos que conviertan la ciudad en lo que han convertido otras regiones, en donde se han tomado zonas y barrios enteros para cometer sus actos delictivos. Pereira es el hogar del buen venezolano que viene a quedarse aquí y a producir y ocurre que hay unos grupos que no son venezolanos de bien y que no representan al buen venezolano, porque han aumentado la mendicidad en todo lado”, expresó la líder de la colonia venezolana en Pereira.

Cuánto consiguen

Agregó que la situación se ha convertido en un negocio ya que en un día “malo” pueden llegar a recoger entre $60.000 y $80.000 y en una “jornada buena”, se logran recolectar entre $150.000 y $180.000.

Incluso algunas de estas personas estarían alquilando los hijos de otros venezolanos para llegar a los semáforos a pedir dinero, con el fin de despertar aún más la bondad de los pereiranos, según la denuncia.

No dar monedas

Polo dijo que desde la Cancillería, Migración Colombia y la Gobernación de Risaralda se ha intentado aplicar normativas para sancionar estos hechos, pero la solución estaría en el bolsillo de los pereiranos, a quienes hace el llamado de no dar monedas.

“Si se acaba la moneda se acaba la mendicidad, hay otros mecanismos que debe facilitar el propio Estado a través de dineros internacionales que son bastantes, que deberían bajar aquí a la ciudad de Pereira donde hay más de 9000 venezolanos”, agregó la líder.

Pero no solo los venezolanos son los que están llegando a vivir de la buena voluntad de los demás, allí también se encuentran pereiranos que en su momento vieron la oportunidad de tener una mejor vida en el país vecino y que ahora han retornado a la región.

“Este tipo de mendicidad es la que siempre ha habido y que ellos están agudizando, entonces el problema no es el permiso de trabajo, es que no quieren ganar el promedio que son $25.000 a $30.000 diarios que se gana una persona trabajando como Dios manda, es más fácil y más cómodo agarrar un niño con su inocencia, usarlo de señuelo para que los pereiranos, que son gente de bien, les den monedas”, continuó diciendo Luz Polo.
La mendicidad destruye las economías ya que quienes la ejercen son personas que no están produciendo, que no están dentro del sistema y que no aportan económicamente a la ciudad.

Bachaqueros

También dijo Polo que las personas que están llegando a los semáforos a pedir dinero son los conocidos en Venezuela como bachaqueros, quienes en el país vecino recibían los alimentos subsidiados por el gobierno y los vendían hasta 5 y 10 veces por encima de su precio normal, contribuyendo igualmente a la crisis que vive actualmente dicha nación.

¿Xenofobia?

A raíz de toda esta problemática, las personas que desean iniciar una vida laboral en la ciudad se han visto afectadas ya muchos empresarios no están confiando ni siquiera en aquellos venezolanos que tienen cédula de extranjería, lo cual se ha visto evidenciado en las ofertas laborales.
Hay empleadores que a puerta cerrada argumentan no recibir venezolanos debido a que cuando les han dado la oportunidad han ocurrido hechos que lamentar.

“Yo no los culpo y tampoco lo llamaría xenofobia, es que es un instinto del ser humano protegernos y muchos empresarios han dicho que les dieron la oportunidad y la situación terminó mal, entonces cerraron las puertas”, concluyó Polo.

Es por eso que se hace el llamado a no dar monedas a estas personas y quienes quieran llegar a la ciudad a producir pueden informase y hacer parte de las jornadas de asesorías para expedir tanto los permisos de permanencia como de trabajo.