Por Luis García Quiroga
Especial para El Diario

En la noche de aquel día 13 de marzo de 1979, en la antigua puerta de entrada a la Universidad Libre de Pereira (esquina de la carrera 7a. con calle 40), el estrépito sonido de varios disparos, anunció la muerte casi instantánea del entonces presidente y rector de la Universidad Libre Seccional Pereira, abogado y periodista César Augusto López Arias.

Yo hacía mi segundo año de Derecho. Estaba en clase y solo con los gritos que venían desde la calle, nos pusimos sobre alerta para entrar en contacto con la dolorosa realidad de aquella noche aciaga que llenó de luto y estupor a la sociedad risaraldense.

Vertido y controvertido, César Augusto era signado por admiración, por envidia o por disputas de poder, de diferentes modos, porque las formas son señales que no pasar inadvertidas.

Algunas noches atrás, López Arias había entrado a mi salón de clase para entregar personalmente la notificación de becado de honor con los mejores promedios de calificaciones a mi aventajado compañero de aula Jorge Eduardo Echeverri, a quien puso de ejemplo como lo que siempre ha sido: un paradigma de ser humano talentoso y estudioso.


Recuerdo que en 1978 López Arias era criticado de estar llevando “mamertos” a la Universidad, lo cual era verdad, al punto que tuvimos un profesor de apellido Fajardo (de quien se decía era ex guerrillero) que nos dictaba Economía Política en el famoso libro gordo de Nikitín.

El caso es que, para sorpresa de los casi 70 estudiantes de primer año de Derecho, el profe Fajardo arrancaba las páginas para leerlas en clase. Un grupo de estudiantes fuimos recibidos por López Arias para ponerlo en conocimiento del asunto ante lo cual nos aseguró que no iba a permitir esa irregularidad. La verificó con otros estudiantes y al día siguiente Fajardo ya no era profesor.

Temido y temible
El doctor Rodrigo Rivera Correa, cofundador de esta Seccional, solía decir que “ninguna persona había hecho más por la Universidad Libre de Pereira cuando en la gran crisis de principios de los años 70, fue Cesar Augusto quien le puso el pecho al vendaval y gestionó ante el gobierno nacional la solución que evitó el cierre de la Universidad en Pereira”.

De López Arias existe un gran arsenal de mitos urbanos, todos relacionados con su enorme poder político y su influencia en grandes decisiones de la época producto de su pasión por el poder que hacía de él un líder temido y temible.

Cuando a mediados de los años 70 adquirió el predio donde hoy funciona la sede de Belmonte, sus detractores lo señalaban de “haber comprado un cañaduzal lejos de Pereira”. La realidad y el paso del tiempo demostraron que César Augusto López Arias miraba más allá de su nariz y que su frondosa barba no le impedía olfatear hacia dónde iba el desarrollo de la ciudad, pues hoy la Universidad Libre tiene uno de los más hermosos campus universitarios de la región.

La ULibre, su legado
El actual presidente de la Seccional Pereira, Miguel González Rodríguez al pedirle al pintor Javier Montoya un cuadro de gran formato para el muro de entrada al auditorio mayor en la sede Belmonte, decidió que además de los íconos de ciudad allí plasmados, en la esquina superior derecha, quedara el rostro de César Augusto, en virtud de que el propio doctor González siendo magistrado del Consejo de Estado y alto directivo de la Universidad Libre en Bogotá, conoció como pocos, los afanes de César Augusto López por la Universidad en la que cursó sus estudios de Derecho y de la cual fue su presidente y rector al día siguiente de haberse graduado.

López Arias tuvo además, la enorme ventaja de pertenecer a una generación que comprendió su poder y su estilo porque fue una generación creativa y de acendrado espíritu cívico con desapego por los intereses personales, entre ellos, los fundadores de la Universidad, los ex magistrados Rodrigo Rivera Correa, Daniel Becerra Piedrahita, Eduardo Jaramillo González; el ex gobernador Alberto Mesa Abadía, primer presidente de la Seccional y otros de esa estirpe que hizo posible la formación y consolidación de la Libre de Pereira.

El 13 de marzo de 1979, hoy hace 40 años, por envidia, por política, por lo que hubiera sido, fue abatido a balazos al salir de las aulas universitarias que amó entrañablemente, y desde las que forjó la personalidad y la mentalidad ganadora que lo caracterizó como uno de los hombres más poderosos de su tiempo.

Nota:
Fotos tomadas del libro “El cuarto poder soy yo” de Edison Marulanda Peña y del archivo de El Diario del Otún.

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