Carlos Vicente Sánchez
Columnista

La enorme demanda de escuelas de formación en el Lucy Tejada que se ha evidenciado durante estos últimos años también ha traído una serie de problemas de espacio a analizar. Miles de jóvenes estudiantes inscritos son un buen indicador de este crecimiento, pero los espacios que ofrece el centro cultural en sí mismo y que han cobrado una gran vitalidad con estas escuelas, exigen mejoras, unos serios protocolos y constante mantenimiento. El temblor de hace unos meses dejó ver fisuras en este aspecto. No quiero decir con esto que los espacios del Lucy Tejada sean malos o inconvenientes, tal vez desde su joven construcción no se visionó tamaña demanda de niños y jóvenes en Pereira, ni tampoco se advirtió que una gran población de estas escuelas viene de Dosquebradas. (Aunque se podía advertir la predecible hecatombe del municipio vecino en cuanto a infraestructura y oferta cultural que ya nada la puede salvar, al menos por esta terrible administración), los cálculos no dieron. Se requiere entonces de nuevas infraestructuras en las periferias de Pereira.

Desde este aspecto una apuesta interesante, mientras se construye dicha infraestructura, sería la de empezar a potenciar y articular los horarios extendidos de los colegios en sus jornadas únicas, quizás de esta manera se descentralice más la oferta cultural del Lucy Tejada. Creo que se están subutilizando dichos espacios en algunas instituciones educativas y se advierte a jóvenes que transitan entre la una y las tres sin poder realizar mayores actividades o sin una orientación adecuada en ciertas áreas del conocimiento y/o las artes. Los estudiantes deben sentir el rigor de la disciplina no en el trato militar que algunos docentes imponen, sino en la pasión desenfrenada que despierta eso que hacen. Crear, leer, emprender, requiere de una constante auto disciplina, no impuesta sino consciente que revierta en producción, ese es el premio, (no hay nada más estimulante que ver como una obra de teatro, una pintura o un diseño se concreta, y un producto se vende) y en eso los formadores de artistas brindan una cuota sustancial.

Los colegios deben ser Centros Socioculturales Comunitarios y Activos, eso implica una oferta más allá del aula, que promueva el movimiento del barrio: cine en las paredes del colegio, bibliotecas escolares abiertas y con agenda, teatro para la comunidad, las Escuelas de Formación en colegios equipados no solo con coliseos y muchas otras formas de crear una dinámica cultural propia en cada comunidad alrededor de la escuela. Pero esto exige que la institucionalidad se articule, los colegios se abran, las instalaciones se mejoren, se les pague a profesores y talleristas sus horarios extracurriculares, se contraten más formadores innovadores, se permita una circulación de saberes y talentos, es decir una apuesta de planeación y formación que a futuro construya la ciudad soñada por todos; con artistas, emprendedores, soñadores y ante todo un público formado y exigente que desde el colegio asista a la fiesta de la creación.

 

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