Luis García Quiroga
Columnista

“Mi nombre es Frankil Balvin Machado, campesino e hijo de campesinos del municipio de Argelia, norte del Valle. Me acabo de graduar de ingeniero civil en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Libre de Pereira”.

 

Es viernes 22 de febrero de 2019 y son las 3:00 p.m. hora del sempiterno aguacero pereirano que hoy no refrescó ni las almas ni el pavimento. El clima ardiente se mezcla con una espesa humedad y mientras sufrimos la incertidumbre de la guerra y el cambio climático, tipos como Frankil hacen esfuerzos increíbles para buscar un futuro mejor. “El hombre es inmortal”, dijo García Márquez.

 

Frankil cumplirá 26 años el próximo 18 de marzo y es el ejemplo palmario del valor inestimable de la palabra esfuerzo. Jornaleaba cogiendo café y plátano en la finca La Virgen vereda El Raizal donde su padre, Jesús Balvin, servía a la familia Castrillón. Allí la abogada y filósofa María Elena Castrillón le dio la mano al verle interés y deseo de ser ingeniero. Así inició Frankil su nueva vida, dura pero fructífera.

 

Frankil no conoce la molicie. En las noches de viernes, mientras todos los jóvenes de su edad chatean o van al parche con sus parceros, Frankil y Ofelia, su mamá, preparaban los insumos de las empanadas y tamales que el fin de semana vendían en la plaza de Argelia para que Frankil pudiera pagar pasajes y libros entre otras necesidades básicas. El crédito de Icetex fue un alivio y debió hacer esfuerzos adicionales para reforzar los apoyos ofrecidos gracias a su espíritu de superación, aún más meritorio, pues tiene dos hermanos.

 

Ya lo dijo el Nobel Octavio Paz: “La gracia es un ademán que revela las buenas maneras y, en fin, acto que expresa bondad de alma. La gracia es gratuita, es un don; aquel que lo recibe, el agraciado, si no es un mal nacido, lo agradece: da las gracias”.  Frankil agradeció a la doctora Castrillón quien le mostró el camino y le brindó apoyo; a las directivas de la Libre y su programa de almuerzos para estudiantes pobres (algunos pagados por ellos); y a la psicóloga Natalia Puerta a quien se le encharcan los ojos al recordar que Franklil estuvo a punto de desertar. Ella coordina el PPC Programa Permanencia con Calidad de la dirección de Bienestar Unilibrista.

 

Le pregunto: ¿Frankil, que sigue? -Buscar trabajo y hacer una especialización-. Y lo dice con la humildad de quien quiere seguir soñando. ¿Cuántos sueños de cuántos Franklin se truncan porque el dinero de la educación se los roba la corrupción? ¿Cuántos Franklin hemos perdido?

 

Frankil es la sencilla historia de un sueño cumplido. De una edificante moraleja que nos enseña que la tenacidad apoyada por la solidaridad, son una fuerza callada imposible de vencer. El premio, es el esfuerzo.

247 total views, 20 views today