Alvaro Rodríguez H.
Columnista

-Los políticos que deshonran la profesión.

-Los que siguen rellenando la esperanza de sus elegidos con burdas mentiras.

-De los que se camuflan -muchos de ellos- en la falta de casa madre electoral.

-De los que violan los topes electorales.

-Arrepentíos de los que inflan con falsas encuestas o sondeos, el proceso.

-Los que se colocan máscara para recibir apoyos oscuros.

-Los que saltan como trapecistas asustados entre diversas marcas políticas.

-Los que esconden podridos apoyos porque hay “que ganar a como dé lugar”.

-De los políticos, con calculadora en mano, que miden sus respaldos.

-Arrepentíos de quienes mantienen conducta reprochable con sus comunidades.

-Los que prometen una cosa y hacen otra, a la hora de tomar decisiones.

-Los que sin sonrojarse, se mueven al vaivén de sus intereses turbios.

-De quienes pactan sin consultar las calidades de sus candidatos.

-De quienes venden apoyos.

-De los que reparten dinero para incrementar el lucrativo negocio del voto.

-Arrepentíos de quienes sonrientes tienen pasado y cero presente.

-De la carroña que auspician por debajo de la mesa, afectando confianza.

-De quienes creen que los publicistas son estrategas.

-De quienes negocian credibilidad y cordialidad en el mercado electoral.

-Los que acuerdan con una campaña y resultan regando votos en dos más.

-Del cinismo con que muchos de ellos afrontan el tinglado electoral.

-Los que muestran un plan de gobierno pero no es más que un plan de negocios.

-De aquellos que creen que su electorado tiene sus propios intereses.

-Los que no diferencian entre humildad y soberbia. Vanidosos.

 

-Los que creen que no hay que tener mesa de crisis porque tienen todas las respuestas.

-Los que creen que en política hay virreinas que se contentan, con figurar.

-En fin, de quienes no crean que la política “es un espacio de guerra”.

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