Carlos Alberto Castrill?n*

La obra po?tica de Luis Fernando Mej?a (Pereira, 1941) se puede entender como un peregrinaje en cuyas instancias se vislumbran el desplazamiento de la b?squeda, la conciencia de lo inacabado, la serenidad de quien sabe que el espacio de estabilidad es muy breve. La espiritualidad imperturbable, sin discursos que la promuevan o la amparen, es un sustrato natural en la voz del poeta y en su actitud ante el mundo.

 

Desde su primer libro, Resurrecci?n de los juguetes (1964), descubrimos a un poeta que despliega en sus versos una interioridad que no se complace en el deslumbramiento verbal ni en la ostentaci?n po?tica; su palabra procura enfrentar la complejidad del mundo, intensamente experimentado, con un tono que oscila entre lo cotidiano y lo trascendente. Las altas preguntas que Luis Fernando Mej?a explora, y que delimitan su voz particular, lo acercan a otros poetas colombianos singulares, como Carlos Obreg?n y Luis Enrique Sendoya. En Mej?a los poemas vibran y se expanden en un limpio desasosiego, sin quejas ni alaridos, cifrado en bellas im?genes que poco a poco van aplacando las discordancias; el poeta sugiere que se puede conjurar la angustia en poes?a para apagarla ?como un abrigo viejo que se olvid? del cuerpo?.

 

El tiempo, una de las presencias ineludibles en la poes?a de Luis Fernando Mej?a, se hace materia oscura en los ?relojes clausurados? y ?suspendidos?. Es el tiempo que muestra su rostro más fiero en la ?espantosa? y eterna soledad de Dios y en la terrible contingencia del hombre, nacido para ser la conciencia de ambas iniquidades; pero es también el tiempo de la g?nesis individual y del ?mbito certero de la infancia, que nunca se ausentan de la memoria. Para sostener la alegor?a temporal, el poeta se define, con su ?peque?o coraz?n de barro?, como ?equilibrista de la Muerte / maromero de la Vida?.

 

En un estudio publicado en 2010, Carlos Fernando Guti?rrez aborda la poes?a inicial de Luis Fernando Mej?a y formula los tres temas b?sicos que la sustentar?an: ?un criticismo urbano, una infancia recobrada y un misticismo humanizado?; se?ala, además, c?mo elude el poeta la ?neutralidad personal? y pone en juego su experiencia de hombre, cr?ticamente tamizada, para confrontar un contexto de crecientes discrepancias.

 

Es todo eso lo que se encuentra en la secuencia de sus libros y se resume en poemas fundamentales como ?Palabras para reconocerme?, un formidable condensado de ?ntimo discernimiento: ?Antes era un silencio maduro para el canto / que habitaba los hondos pa?ses de mi madre?, y ?en la peque?a cuenca de mis manos cab?a / toda la redonda ternura de la leche?, pero ahora:

 

cuando el tiempo me ense?? su medida,

y cae guillotinado el perfil de los d?as,

mi sangre rebelada al destino

de herrumbrar de silencio la pared de la roca,

busca a Dios en la simple ca?da de una hoja.

En la obra de Luis Fernando Mej?a la conexi?n con el mundo es el motor del testimonio po?tico, pero esa conexi?n opera hacia lo espiritualmente sentido, no hacia la magnificencia del escritor; a la revelaci?n en s? misma se impone la mirada reveladora que caracteriza a la poes?a de aspiraciones másticas, como en ?Intrascendencias?:

 

En las escuelas aplazan un ni?o porque ignora

la causa de una guerra.

Manuel el jardinero se averg?enza

de sus zapatos rotos

y los esconde disimuladamente

entre las flores.

De allí, como incitado por la palabra imposible, el poeta avanza hacia lo que Guti?rrez denomina ?analog?as espirituales?; los admirables ?Cuatro poemas a Dios? son un buen ejemplo:

Se desmorona Dios,

soledad de hombre solo,

desnudo. Escamado de tiempo.

[…]

Aqu?…

S?lo conmigo mismo,

frente a mis huesos,

doblemente sostenido sobre mis piernas.

S? que estoy vivo.

Que me llamo Luis.

Y siento morir a Dios entre mis manos.

Pocos poetas colombianos han afrontado este tema con tanta hondura: ?He visto a Dios cansado de ser Dios entre mi cuerpo, / y su cad?ver prolongado en mi sombra?.

 

Todo lo anterior se equilibra con una leve iron?a como anclaje para la indagaci?n inagotable. En Alquimia de los relojes clausurados (1969), por ejemplo, Luis Fernando Mej?a propone la ciudad como punto de referencia y la agrega a las coordenadas de la angustia primordial:

 

La ciudad est? al fondo.

No la habito.

La siento que me crece.

Que sus hospitales no bastan para mi angustia

y sus heridas internas.

Por su consistencia, la obra de Luis Fernando Mej?a, poeta ajeno a la algarab?a literaria y de una mesura ejemplar en actitud y palabra, reclama nuevas lecturas cr?ticas, pues en su conjunto es, sin duda, una de las más intensas y genuinas de la poes?a colombiana.

 

A ese prop?sito contribuye el trabajo investigativo de John Jairo Carvajal, quien ha preparado para la colecci?n ?Con vista al mar?, de la editorial Klepsidra de Pereira, una Antolog?a po?tica de Luis Fernando Mej?a, que se suma a la que se publicara en 1989 en la ?Colecci?n de Escritores Pereiranos?. El recorrido por esta nueva antolog?a demuestra que la poes?a de Luis Fernando Mej?a se desembaraza paulatinamente del peso del sentido y se prolonga hasta el presente por enriquecedoras vertientes: ?hemos cerrado el c?rculo / y cero es la memoria?, es el saldo del poeta hacia el final del libro.

 

La compilaci?n incluye poemas de un largo periodo de escritura (1955 – 2018), publicados originalmente en cinco libros, más algunos in?ditos. Si bien los poemas se disponen en orden cronol?gico, el ant?logo no los agrupa ni aporta la fuente precisa de cada uno, un peque?o gesto hostil para el lector no familiarizado con la obra de Luis Fernando Mej?a.

 

Se trata de una bella edici?n, llena de detalles de elegancia y buen gusto, y con una sobriedad ajustada al tono de esta poes?a, lo que coincide con la serenidad que crece en los poemas a medida que avanza la lectura.?

* Universidad del Quind?o

Luis Fernando Mej?a. Antolog?a po?tica. Selecci?n y pr?logo: John Jairo Carvajal. Pereira: Klepsidra Editores, 2018. 110 pp.

 

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