América Latina: Una región en evolución y ebullición

Las movilizaciones sociales que han recorrido a Latinoamérica en las últimas semanas demuestran el profundo malestar e inequidad existente en esta parte del planeta. Aunque, guardando las proporciones, cada una de dichas manifestaciones alberga grandes similitudes, en el seno de estas se instalan las mismas consignas, transformaciones de fondo que posibiliten un mayor desarrollo y progreso para todos. Al respecto, Víctor Daniel Piedrahita Medina Politólogo y Jenny Chalarca Hoyos abogada, ambos docentes del programa de Derecho de Areandina seccional Pereira se pronuncian al respecto, analizando la situación.

En Colombia a partir del 21 de noviembre se han llevada a cabo múltiples movilizaciones que pretenden llamar la atención de la élite dirigente para que escuchen sus consignas y adelanten las reformas estructurales que el país necesita. Y es acá donde Ciencia Política y Derecho confluyen, porque la receta para paliar estas situaciones pasa en un inicio por pactos políticos que sí o sí deben desencadenar en hechos jurídicos de grandes proporciones.

Por ejemplo, las manifestaciones en Chile se iniciaron por un alza en el metro de Santiago, dichas protestas fueron escalando en toda la sociedad hasta pedir reivindicaciones de hondo calado que requirieron de intervenciones jurídicas para poder darle algún indicio de solución a la crisis, en Chile, la consecuencia jurídica fue la de llamar al pueblo a un plebiscito para reformar la Constitución.

Por lo tanto, el asunto va así, manifestaciones sociales que piden transformaciones, dichas transformaciones pasan por acuerdos políticos y dichos acuerdos se materializan por la vía jurídica, eso es la Teoría del Poder en todo su esplendor y es que no existe otra manera en los Estados de Derecho de tramitar las protestas y los reclamos populares, la vía político-jurídica es la manera de legitimar y darle viabilidad a dichas reclamaciones para que tengan éxito y consecuencias en los Estados.

El detonante en Ecuador fue un hecho jurídico, un decreto promulgado por el gobierno en donde ordenaba la eliminación a los subsidios de los combustibles, desencadeno una protesta social que irradió toda la nación (hecho político), después de varios días de serios disturbios, el gobierno cedió y retiró el decreto que había dado inicio a las movilizaciones, aplacando los ánimos y logrando que los manifestantes cesaran las protestas, como vemos las soluciones político-jurídicas en los Estados de Derecho contemporáneos son las vías esenciales para alcanzar acuerdos que puedan perdurar en el tiempo.

En Colombia hasta el momento las movilizaciones (hecho político) han logrado que el gobierno nacional, en cabeza del presidente de la República, convoque a todos los actores sociales y políticos a un gran diálogo nacional, en donde se espera lograr una discusión amplia, alcanzar pactos e intentar como lo decía Álvaro Gómez Hurtado, “ponernos de acuerdo en lo fundamental” y poder establecer hechos jurídicos que desencadenen las reformas y transformaciones que la ciudadanía colombiana está exigiendo.

Ahora bien, frente al llamado del Presidente a un gran dialogo nacional son varios los elementos a considerar, lo primero y mas importante es que logre convocar a los reales y verdaderos interlocutores de las movilizaciones, porque en el tránsito del hecho político al hecho jurídico existe un importante intermedio y es las negociaciones que se deben de llevar a cabo para establecer con claridad cuáles son las demandas y cuáles los compromisos que el gobierno esta dispuesto a asumir, y es ahí donde el Presidente Duque tiene una titánica tarea, ya que son tantas las inconformidades y tantas las deudas que tiene el Estado con todos sus ciudadanos que llegar a unos acuerdos mínimos requerirá de una fina filigrana por parte del gobierno y de sus ministros para conjurar un paro que cada día gana más protagonismo y apoyo popular.

Por ahora debemos esperar a ver como mueve sus fichas el gobierno nacional, al parecer no ha empezado de la mejor manera, ya que al iniciar los diálogos sin los promotores del paro y pretender invisibilizarlos, manda un muy mal mensaje con el dialogo que pretende construir, pues si bien ellos no son los únicos actores relevantes en toda esta movilización, si tienen una vocería que debería ser escuchada y atendida para que de esta manera se genere una confianza mutua que permita avanzar en la construcción de los acuerdos mínimos y garantizar el cumplimiento de los mismos.

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