Adviento

Adviento es mucho más que una palabra sabía que los curas emplean durante cuatro semanas en la liturgia de la Iglesia. Adviento es un estado de ánimo, símbolo de la Gran Espera, la Espera eterna.

Adviento no es una pregunta sino una respuesta a la pregunta: ¿Qué estamos haciendo aquí?

Vladimir y Estragón en la obra de teatro de Beckett “Esperando a Godot” se preguntan: ¿” Qué estamos haciendo aquí? Estamos esperando a Godot.

¿Y si no viene? Nos ahorcaremos mañana. ¿Y si viene? Estaremos salvados”.

Los evangelios de los últimos domingos nos invitaban a preparar el Gran Final: “No quedará piedra sobre piedra. Habrá grandes terremotos, hambre…

Resulta un tanto molesto y aburrido comenzar el Adviento con el miedo al ladrón que viene sin avisar durante la noche. Ni ustedes ni yo, por más viejos que seamos, le tenemos miedo al ladrón, ¿verdad que no? Ni ustedes ni yo lo esperamos hoy, ¿verdad que no?

El evangelio de este primer domingo de Adviento es una invitación a vigilar, a estar despiertos.

¿Qué hacen los conductores cuando les entra el sueño? ¿Qué hacen los feligreses cuando el rollo del cura se prolonga más de lo habitual?

Las recetas contra el sueño son numerosas: unos salen a estirar las piernas, otros toman dos cafés, otros se lavan la cara con agua fría, otros optan por dar una cabezada, con mucho la mejor solución.

¿Y nosotros los cristianos, ignorantes del día del Señor, que podemos hacer para salir del letargo espiritual que nos domina?

Mirar al pasado es cosa de viejos y sin embargo el pasado está lleno de lecciones que no debemos olvidar. Es la historia de nuestra familia, de nuestro pueblo. Hay pueblos vacíos que ahora viven en la red. Sus habitantes dispersos por el mundo viven conectados en la red. Se niegan a enterrar el pasado y a morir.

Nuestro pasado cristiano tiene un nombre, Navidad. La primera Navidad que preparemos cada Adviento con la misma ilusión que cuando éramos niños.

Adviento hace memoria de un pasado vital, sin el acontecimiento Jesús ninguno de nosotros estaríamos aquí. Mira a un pasado no congelado en el frigorífico de la historia sino vivo y activo, siempre recordado y reactualizado.

El Adviento nos invita a mirar al futuro. Jesús vendrá como ladrón en la noche, no para asustarnos sino para planificarnos. Nosotros estamos aquí, no tenemos que ir a ninguna parte. Él viene a nosotros. Cinco veces hemos leído en el evangelio el verbo venir.

A nosotros nos toca vivir la espera de lo inesperado con ilusión. Los cristianos no brindamos por el pasado, por glorioso que haya sido, brindamos por el futuro porque el futuro es Dios y nosotros seremos de Dios.

La primera venida la vivimos cada Navidad. La segunda la viviremos en gloriosa majestad.

Velad. Hoy, en este presente de nuestra vida, dos cosas son las que Dios quiere que hagamos: trabajar, ser fieles a nuestros compromisos humanos, hacer un mundo más amable, más justo, más fraterno, cuidar la creación, amar a los hermanos que son los que nos necesitan.

Amar a Dios, nuestro presente y nuestro futuro.

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