Sepelios sin cortejo fúnebre en el San Camilo debido al terremoto

El más tradicional camposanto de Pereira permanece cerrado por reparaciones urgentes y estará fuera de servicio alrededor de dos meses. Sin embargo, se han realizado algunos sepelios pero bajo condiciones especiales para proteger la integridad de los dolientes.

Óscar Osorio Ospina

Hasta hace unos pocos días quienes acompañaban a sus parientes o amigos hacia su última morada y los visitantes que llevaban flores frescas a las tumbas de sus seres queridos eran recibidos en el Cementerio San Camilo de Pereira con la siguiente frase: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados que yo os aliviaré”.
Hoy el más tradicional camposanto de la ciudad permanece cerrado debido a las reparaciones que se emprendieron con carácter de urgente, ante los daños sufridos a raíz del terremoto del pasado 10 de agosto.
En sus 95 años de existencia el San Camilo había resistido cuatro violentos movimientos telúricos, pero el de este año causó los mayores daños físicos de su historia. El cementerio ocupa cuatro manzanas correspondientes a las carreras 4ª a 6ª entre calles 31 y 33, al lado de la Iglesia de los Dolores.
El diácono Diego Grajales Ospina, administrador del cementerio, explicó que resultaron afectadas las bóvedas de dos galerías, los muros de cerramiento y varios mausoleos. En cuanto a las bóvedas, alrededor de 1.200 quedaron expuestas, las cuales están siendo sometidas a evaluaciones para determinar qué hacer con ellas. En total, el San Camilo alberga 12.000 bóvedas en sus distintas galerías.
Un poco de historia
La historia del actual Cementerio San Camilo arranca en 1930 por iniciativa de una junta liderada por don Jesús María Ormaza, quien -paradójicamente- el 29 de marzo de 1931 se convirtió en el primer ciudadano en ser sepultado en este lugar.
Historiadores y estudiosos coindicen en señalar que no se conoce quien fue el diseñador del cementerio y añaden que éste “posee gran riqueza compositiva, es un inmueble es muy particular porque su importancia radica no solo en el diseño de su distribución espacial sino también en el diseño de los mausoleos”.
Hay que aclarar que el primer cementerio que tuvo la ciudad estaba localizado en la carrera 7ª, más hacia el centro de Pereira, en un terreno que en su momento donó el general Valentín Deaza, benefactor también del Hospital San Jorge.
En el 2007 San Camilo fue declarado patrimonio arquitectónico, histórico y cultural de Pereira mediante el decreto 625 del 17 de octubre “por medio del cual se adopta el inventario de bienes patrimoniales de conservación arquitectónica, histórica y cultural y se dictan otras disposiciones”. En este documento se estableció que el cementerio y la Iglesia de Los Dolores, se convierten en patrimonio material y cultural de la ciudad.
En cuanto al predio actual, había una controversia sobre su donación, la cual fue dilucidada por el historiador Javier Alonso López en una tesis de grado titulada “Cementerio San Camilo de Pereira, representación visual y material del diseño, las artes y la arquitectura desde los primeros años del siglo XX hasta la década del 80”, la cual quedó condensada en un libro publicado en el 2019 con el apoyo de la Diócesis de Pereira, la Secretaría Municipal de Cultura y la Universidad Católica de Pereira. El autor es diseñador industrial de la Universidad Autónoma de Manizales, especializado en Gestión Ambiental de la Fundación Universitaria del Área Andina y Magister en Historia de la Universidad Tecnológica de Pereira
Sostiene López que en 1930 la Curia de Pereira, por ese entonces pertenecía a la Diócesis de Manizales, compró esos terrenos: “El asentamiento inicial del cementerio, en 1870 donde hay alguna relación histórica, era sobre la carrera 7a y ocupaba dos manzanas. Tanto que en esa época a la carrera 7a se le llamaba despectivamente la Calle del Cementerio”.
La comunidad de los Claretianos que manejaba el cementerio, le propuso al Obispo de la Diócesis que se comprara otro terreno para clausurar el camposanto de la carrera 7ª., necesidad que en 1929 ya había planteado la Sociedad de Mejoras de Pereira.
Agrega el historiador que “De 1930 existe una referencia escrita sobre la escritura pública de esta negociación, en donde se denota que con anticipación -en 1929- comenzó dicha negociación, pero como los terrenos estaban afectados por una sucesión no se había llegado a un acuerdo. Así que entre 1930 y 1931 se adelantó la construcción con base en un acuerdo de palabra entre la iglesia y los propietarios”. La negociación, agrega el autor, “se hizo una señora de apellido Castrillón, que había acabado de enviudar, y con su hija sobre los lotes que actualmente ocupa el cementerio”.
El trabajo se centró en la construcción de nuevo el archivo fotográfico del cementerio que contaba con 447 mausoleos, consistente en 3500 fotografías, de las que 725 fueron publicadas en el libro: “Asumí desde mi punto de vista el blanco y negro, dado que ese contraste era el más óptimo para llevar a cabo el libro. La mayoría de las fotos se tomaron en una técnica llamada blanco y negro enriquecido, además el lugar lo daba por sus tumbas, mausoleos, todo blanco, lo que contrastaba muy bien con lo demás”.
Por último, López destacó que a pesar del auge de los modernos camposantos y de la cremación de los fallecidos, el cementerio San Camilo tiene un gran valor histórico, cultural y patrimonial y conserva un lugar preferencial en la memoria de los pereiranos.
El presente
Actualmente el San Camilo, al igual que el Parque Cementerio Prados de Paz, están bajo la administración de la Diócesis de Pereira.
Tras la evaluación de los daños sufridos por el terremoto del 10 de agosto, se acordaron varias medidas inmediatas en el cementerio, el cual permanecerá cerrado durante unos dos meses, indicó su administrador el Diácono Diego Grajales Ospina.
La primera de ellas, es la reconstrucción de los muros de cerramiento de las carreras 4ª y 6ª. y la segunda, la revisión del estado de las 1.00 bóvedas de las dos galerías afectadas para adelantar las reparaciones necesarias. Los restos mortales de algunos de los fallecidos que hayan cumplido su tiempo, serán reubicados en los osarios y los restantes en una fosa común.
Por ahora están restringidos las inhumaciones, que en condiciones normales eran unas cuatro o seis diarias, y sólo se están recibiendo unas dos, pero bajo condiciones estrictas de seguridad. Por ejemplo, no se permiten los cortejos fúnebres masivos y éstos se limitan al acompañamiento de dos o tres parientes cercanos. Y mucho menos se pueden realizar sepelios acompañados por decenas de dolientes como tampoco la presencia de mariachis o grupos musicales, como se está volviendo costumbre.
Así que este patrimonio de Pereira, con 95 años de historia, al igual que todos los habitantes de la ciudad, se está levantando de la tragedia causada por el terremoto, en medio del dolor colectivo y del duelo general.

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