Por Juan Manuel Quintero
Risaralda no necesita más anuncios. Necesita que le cumplan los que ya le hicieron.
Cuando inició el gobierno del presidente Gustavo Petro, el departamento entró en la conversación nacional con expectativas altas. Las audiencias del Plan Nacional de Desarrollo recogieron decenas de necesidades territoriales y se habló de inversiones importantes. Sin embargo, lo que ha ocurrido desde entonces no es un vacío absoluto, sino algo más complejo y preocupante: una presencia institucional en el discurso, pero una ausencia evidente en la ejecución.
El primer síntoma apareció temprano. En el arranque del Plan Nacional de Desarrollo, varios de los proyectos estratégicos para Risaralda simplemente no estaban. El Parque San Mateo, el Hospital de Alta Complejidad, el Archivo Museo y el Parque del Salado Consotá quedaron por fuera del primer borrador. Solo después de la presión política de la bancada regional y de los gobiernos locales, algunos de estos proyectos fueron incorporados.
Pero ahí empieza el viacrucis.
Porque una cosa es incluir proyectos en el papel y otra muy distinta es ejecutarlos. Y es precisamente en ese tránsito donde Risaralda se quedó atrás.
El caso de Vías del Samán es, quizá, el más diciente. Durante años, los ciudadanos han pagado peajes con la expectativa de ver obras concretas. Hoy, el proyecto sigue sin avances proporcionales a los recursos recaudados, pese a que estos ingresos son administrados directamente por el Estado a través del Instituto Nacional de Vías (INVÍAS), es decir, bajo control del Gobierno Nacional y no de un concesionario privado. No es un problema de intermediación: es un problema de decisión.
Lo mismo ocurre con la Plataforma Logística del Eje Cafetero (rebautizada en su momento como PLOC), un proyecto estratégico para la competitividad regional que, pese a su relevancia, no ha logrado consolidarse ni materializarse en acciones concretas desde el nivel nacional.
En paralelo, otros proyectos muestran una realidad distinta, pero igual de reveladora.
El Parque Metropolitano del Salado Consotá avanza, sí, pero lo hace en su fase inicial gracias a los recursos de la Alcaldía de Pereira y de la Universidad Tecnológica de Pereira. No hay evidencia de una participación decisiva del Gobierno Nacional en su financiación. Es, en esencia, un proyecto que sobrevive por el impulso local.
Por su parte, el Archivo Museo representa otro tipo de incumplimiento: el de los anuncios que no se concretan. Aunque desde el Ministerio de Cultura se habló de apoyo para su desarrollo, lo cierto es que, a escasos tres meses de finalizar el actual gobierno, no existen contratos firmados ni compromisos ejecutados que permitan afirmar que el proyecto va a materializarse en el corto plazo.
Y esa es la constante.
Incluso en los casos donde sí hay avances, estos no han sido espontáneos. El Hospital de Cuarto Nivel, por ejemplo, no es el resultado de una ejecución fluida desde el Gobierno Nacional, sino de una defensa política activa del departamento para evitar la pérdida de recursos. Algo similar ocurre con la PTAR de Pereira.
Lo que queda entonces es un patrón claro.
Risaralda no fue excluida del Plan Nacional de Desarrollo. Pero tampoco ha sido priorizada en su ejecución.
El Gobierno cumplió en el plano formal: incluyó proyectos, participó en escenarios y realizó anuncios. Pero incumplió en lo esencial: llevar esos compromisos al terreno de la realidad. Y en materia de gestión pública, cumplir la forma sin cumplir la finalidad es, en la práctica, una forma de incumplimiento.
Porque los territorios no viven de documentos. Viven de obras.
Hoy, cuando el tiempo de este gobierno se agota, la pregunta no es cuántos proyectos fueron incluidos en el papel, sino cuántos se convirtieron en realidad. Y la respuesta, al menos para Risaralda, es incómoda.
En este departamento, los proyectos no se caen por falta de ideas. Se estancan por falta de decisión nacional, a veces cómplice de nuestro escaso liderazgo regional.
Y eso no es un problema técnico. Es una decisión política que esperamos sea corregida en el próximo cuatrienio.


