La médica veterinaria y zootecnista, empresaria y dirigente gremial dejó una profunda huella en Risaralda y en el sector pecuario nacional. Fue defensora de las razas criollas, del bienestar animal y de una ganadería administrada con conocimiento y sostenibilidad.
La ganadería colombiana está de luto por el fallecimiento de Mariana Navarro Sanint, una mujer cuya vida estuvo estrechamente ligada al campo y que convirtió una tradición familiar en una carrera profesional dedicada a transformar, defender y fortalecer el sector pecuario del país.
Su relación con el ganado comenzó mucho antes de llegar a la universidad. Creció entre fincas, caballos, jornadas de pesaje y recorridos por potreros. Era heredera de varias generaciones de productores: su bisabuelo Luis, su abuelo Guillermo, su tío abuelo Darío y su madre, Clemencia Sanint, hicieron parte de una tradición que terminó marcando el camino que Mariana seguiría durante toda su vida.
Médica veterinaria y zootecnista de profesión, desarrolló experiencia en producción de leche y carne, programas sanitarios, vacunación contra la fiebre aftosa y procesos para la certificación frente a enfermedades como brucelosis y tuberculosis. También defendió una idea que repitió constantemente en su trayectoria: una finca debía entenderse como una empresa y tomar decisiones a partir de cifras, costos y resultados.
Una mujer ligada a Risaralda
Su nombre tuvo una especial importancia para la ganadería regional. En 2019 asumió como directora ejecutiva del Comité de Ganaderos del Centro en Risaralda, desde donde representó a los productores y trabajó en programas dirigidos al fortalecimiento del sector.
Pero su liderazgo trascendió las fronteras del departamento.
Mariana se convirtió posteriormente en la primera mujer en asumir la presidencia de Asocriollo, organización dedicada a la promoción y conservación de las razas bovinas criollas y colombianas. Desde allí defendió especialmente el valor genético, productivo y cultural de animales adaptados durante generaciones a las condiciones del territorio nacional.
Entre esas razas tuvo una relación especial con el Blanco Orejinegro (BON), que crió y manejó dentro de su propia actividad ganadera.
El campo también debía cuidar a las personas
Su visión iba más allá de producir más carne o más leche. Mariana defendió el bienestar animal, la sostenibilidad y también mejores condiciones para quienes trabajan diariamente en las fincas.
En sus escritos insistió en que garantizar ambientes adecuados para los trabajadores rurales no debía considerarse un gasto, sino una inversión. Desde su faceta como columnista de CONtexto Ganadero abordó asuntos relacionados con productividad, administración, mano de obra y los desafíos cotidianos de quienes viven del campo.
Su fallecimiento ha generado mensajes de condolencia dentro del sector agropecuario. AGROSAVIA, a través de su Centro de Investigación y Transferencia de Tecnología Turipaná, lamentó públicamente su partida y expresó solidaridad con familiares y amigos.
Hasta el momento, no se ha informado públicamente de manera oficial la causa de su muerte.
Mariana Navarro Sanint deja como legado una manera de entender la ganadería en la que tradición y conocimiento podían caminar juntos. Una mujer que conoció el campo desde niña, lo estudió desde la ciencia, lo administró como empresaria y lo defendió desde los gremios.
Para Risaralda y para la ganadería colombiana queda el recuerdo de una dirigente que hizo del campo no solamente su profesión, sino buena parte de su vida.


