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miércoles, agosto 10, 2022

Los encargados de explorar la Colombia herida por el conflicto

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Colombia está herida y aunque se puso la base para empezar a curarla, solo ella misma puede hacerlo. Pero, en los últimos años, un grupo de personas ha estado indagando en las razones de esa llaga para ayudarla a sanar y que no se haga más profunda: los comisionados de la verdad.

La Comisión de la Verdad está integrada por once personas que se han dedicado en los últimos tres años y medio al titánico trabajo de recopilar lo sucedido en un país que lleva más de cinco décadas sin conocer la paz y todo lo que ello implica.

Entre ellos, que no quieren ser protagonistas, hay profesionales de muchos ámbitos: desde el artístico, como Lucía González, al médico, como Saúl Franco, pasando por las mismas víctimas, en la piel de Leyner Palacios. Por el camino se quedaron el periodista Alfredo Molano y la defensora feminista Ángela Salazar, fallecidos en 2019 y 2020, respectivamente.

La bandera de espiral dorada de la Comisión ondea en un barco que arriba a un municipio en el que, a pesar de la paz con las FARC, el Estado nunca llegó. Dos comisionados salen del barco y acuden a la casa comunal, se sientan en sillas de plástico con sus libretas y empiezan a escuchar, a anotar lo que la comunidad les cuenta.

«En muchos lugares a los que llegamos la gente nos dijo: ‘queremos hablar, pero tenemos miedo de hablar'», relata a Efe uno de los comisionados, Carlos Martín Beristain, un médico y sicólogo español que ha acompañado procesos en otros países.

UNA VERDAD EN CADA RINCÓN

En Colombia repiten que «es un país de regiones». Por eso, la Comisión de la Verdad «ha tenido presencia en los territorios, porque la paz se hace fundamentalmente en los territorios, no solamente para llegar a las víctimas y tomar los testimonios, sino también para activar procesos de reconstrucción desde los territorios», resalta Beristain.

Sin embargo, a pesar de la paz firmada con las FARC en 2016, de cuyo acuerdo surgió esta Comisión, Colombia sigue teniendo conflictos abiertos, por lo que «el mantenimiento de esa violencia en muchos territorios no hace fácil estos procesos», resalta.

Cuando Beristain y Saúl Franco llegaron a finales de octubre pasado a Puerto Lleras y Pesquera, localidades de Arauca, departamento fronterizo con Venezuela, se convirtieron en una de las primeras instituciones estatales en aparecer. Cinco años sin la presencia del Estado y quienes primero llegan lo hacían solo para escuchar.

«QUEREMOS HABLAR»

Y lejos de que la población se enfureciera por la desidia, se agrupaban en círculo y comenzaban a hablar. «La experiencia de la Comisión muestra que es posible (dialogar)», asegura Beristain, quien lo ve como una paradoja porque «a veces quienes más lo han hecho posible es quienes en peores condiciones están para hacerlo».

¿Con qué cara un militar que ha matado a jóvenes inocentes para presentarlos como guerrilleros dados de baja en combate se iba a sentar delante de la madre de una de sus víctimas? ¿Por qué iba esa madre a querer escucharlo? Pero lo han hecho.

Muchas de las madres de Soacha, colectivo de madres de víctimas de ejecuciones conocidas como «falsos positivos», al principio no querían hacerlo. «No queremos saber nada de los responsables», decía una, pero después de tres años de trabajos individuales y acompañamiento lo han hecho convencidas de que iban a sacar algo del encuentro.

«Hemos hecho todo un proceso también cuidadoso de, si es posible, ese diálogo entre los puntos de fractura más duros de un país», afirma Beristain, quien es consciente de que «muchas veces las familias lo que hacen es guardar como una forma de protegerse más».

La herida causada por el conflicto «no se cura con represión, no se cura con olvido, no se cura con señalamientos al otro, se abre un proceso para la curación trabajando con esas memorias difíciles», afirma.

«El dolor, el sufrimiento, no se pueden reparar; el dolor, el sufrimiento, hay que honrarlo», y eso es lo que intentan, añade.

LA PECULIARIDAD COLOMBIANA

La Comisión de la Verdad, que entrega su informe final este martes, ha intentado crear «un marco social para el reconocimiento de cientos de miles de experiencias individuales», ya que «una guerra tiene una causa social y política, pero no tiene espacios sociales de reconstrucción porque hablar es peligroso», dice Beristain.

No es la primera en el mundo. Ya hubo procesos similares en Sudáfrica, Perú, Guatemala o El Salvador, pero en estas últimas, «la gente tenía mucho más miedo a hablar», asegura Beristain, quien coordinó el informe de Recuperación de la Memoria Histórica de Guatemala.

«Colombia tiene un enorme potencial porque a pesar de todo lo que ha sufrido hay un tejido social vivo, con energía, con propuestas, con ideas; en otros lugares este tejido social quedó barrido por la guerra porque el nivel de terror fue brutal», compara el médico.

En Colombia, incluso en el momento más cruento, la gente sacaba los cuerpos que los paramilitares y la guerrilla lanzaban al río.

El informe que presentan este martes traerá aspectos novedosos, como la incorporación de los efectos y consecuencias del exilio en el país que históricamente ha estado en la cumbre de desplazamientos. Y también otros como la violencia sexual y la afectación a poblaciones afrodescendientes e indígenas.

Pero, toda esa verdad solo se va a asimilar y ayudará para empezar a sanar, «si hay voluntad política para empujarla» y también si quienes han sufrido el conflicto -sea cual sea la parte- «consideran que ahí está su historia».

«No se sale fácil de una guerra de 60 años», dice el comisionado español, pero «Colombia no puede volver atrás, no puede volver a la guerra, tiene que empujar una salida política al conflicto armado».

Sudáfrica, en su proceso de reparación tras décadas de apartheid, ideó el concepto del arco iris, de la nación donde todos caben, y esa es la línea que se tiene que adoptar.

«Colombia no puede volver atrás, tiene que seguir adelante y creo que tiene la gente y las condiciones para poder hacerlo; se necesita la visión política también para hacerlo y se necesita que quienes durante muchos años se han opuesto a los procesos tengan una visión de país», piden desde la Comisión. EFE

Comisión de la Verdad junta los pedazos de la Colombia rota 
La Colombia rota en pedazos que dejó más de medio siglo de conflicto armado fue recuperada por la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, que a lo largo de más de tres años juntó esos fragmentos para elaborar el doloroso informe que presentará este martes al país.
Este organismo hace parte del Sistema Integral para la Paz, que incluye además la Unidad para la Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), y comenzó su ardua tarea el 29 de noviembre de 2018 con el objetivo de entregar un informe sobre el conflicto tres años después, el 28 de noviembre del año pasado.
Sin embargo, en octubre pasado la Corte Constitucional prolongó por siete meses el mandato de la Comisión de la Verdad como lo habían demandado víctimas del conflicto que advirtieron sobre las limitaciones que impuso la pandemia de la covid-19 y la emergencia sanitaria ordenada por el Gobierno para enfrentarla.

EL INFORME

En el acto de noviembre de 2018 con el que comenzaron las actividades de la Comisión, su presidente, el sacerdote jesuita Francisco de Roux, expresó: «Aquí, nos iguala, compromete y honra, el compromiso de responder (…) con el clamor de millones de colombianos que, en el territorio y el exilio, piden la verdad de lo que les pasó en el conflicto, de lo que nos pasó como sociedad». Ese día recordó que el informe que presentarán tiene el mandato de esclarecer y promover el reconocimiento de prácticas y hechos en particular masivos que constituyen graves violaciones a los derechos humanos, así como de establecer responsabilidades colectivas del Estado, sus Gobiernos y poderes públicos; las instituciones y organizaciones, y los actores armados que tomaron parte en el conflicto.

El médico español Carlos Beristain, uno de los comisionados de la verdad, aseguró en una entrevista con Efe que el informe que será presentado tiene dos partes.

La primera es el proceso que ha hecho la Comisión durante su mandato: «Llevamos tres años y medio prácticamente en un ejercicio de escucha en muchas partes del país, también en esa Colombia fuera de Colombia, pues en 24 países hemos estado tomando testimonio». «Ese informe va a contar cuál ha sido ese proceso que hemos aprendido también en el camino sobre esta reconstrucción de la verdad. La Comisión ha hecho más de 500 iniciativas de diálogo social por todo el país, por el mundo, hemos hecho actos de reconocimiento de responsabilidad también diferentes tanto de exmiembros de las FARC como de miembros del Ejército y paramilitares», señaló.

La segunda cara es el trabajo de investigación, reflejado en los 10 tomos que serán presentados el martes al país y a la comunidad internacional. «Tiene una parte histórica, tiene una parte que se centra en las violaciones de derechos humanos -tenemos que dar cuenta de los 13 puntos del mandato de la Comisión-. Hay otro aparte que cuenta los impactos que todo eso ha dejado en la sociedad, en las víctimas, qué consecuencias ha traído la guerra, qué fracturas también sociales y políticas se han dado en el país», detalló.

Igualmente señaló que el informe recoge problemáticas específicas de los grupos étnicos, de las mujeres y del colectivo LGBTIQ+, así como de la niñez y los exiliados. «El informe de la Comisión, en un país en el que se ha escrito tanto y se ha investigado tanto, trata de dar cuenta de ese ejercicio de escucha y trata de recoger esa diversidad de experiencias, esos trocitos de verdad que habitan en tantas historias que la Comisión ha escuchado y trata de hacer una visión incluyente», valoró.

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