El terremoto del pasado 10 de agosto también puso a prueba la capacidad de respuesta de la red hospitalaria de Risaralda. Aunque los principales hospitales públicos del departamento lograron mantener la prestación de sus servicios y no registraron daños estructurales profundos, varias áreas continúan afectadas y algunas instituciones todavía operan con una capacidad instalada inferior a la que tenían antes de la emergencia.
Durante un balance presentado ante la Asamblea de Risaralda, el Diputado, Javier Darío Marulanda Gómez, explicó que los cuatro hospitales departamentales (San Jorge de Pereira, Santa Mónica de Dosquebradas, Hospital Mental y Hospital de La Virginia) registraron diferentes afectaciones, principalmente en cubiertas, mampostería y algunas zonas hospitalarias.
El San Jorge de Pereira
Uno de los casos que concentra mayor atención es el Hospital Universitario San Jorge de la capital risaraldense. Su gerente, Alejandro Gaviria, señaló que actualmente todos los servicios están funcionando, pero, “el hospital continúa con una disminución de su capacidad instalada. Tras el terremoto perdió alrededor de 140 camas y ha venido recuperando progresivamente parte de ellas”.
Entre las zonas afectadas permanecen el quinto piso de medicina interna, la UCI obstétrica, áreas de pediatría, la UCI de adultos, cinco cubículos y algunos consultorios de consulta externa. Gaviria explicó que en aproximadamente un mes esperan recuperar cerca de 70 camas, mientras que la recuperación del resto tomará más tiempo debido a los trabajos de reforzamiento estructural y las demoliciones que requiere el quinto piso.
A pesar de estas dificultades, el gerente destacó que el personal del San Jorge se ha mantenido y fue redistribuido para garantizar la operación de los servicios.
Desde la Asamblea Departamental, su presidente, Juan Carlos Valencia, resaltó que “el hospital soportó el evento sísmico sin registrar víctimas y continúa avanzando en su recuperación”.
Santa Mónica de Dosquebradas
La situación es diferente en el Hospital Santa Mónica de Dosquebradas, donde la infraestructura no sufrió afectaciones significativas.
Su gerente, Juan Carlos Marín Gómez, indicó que únicamente se presentó una afectación en el servicio de fisioterapia, que volvió a funcionar una semana después del terremoto. Actualmente, aseguró, todos los servicios están habilitados y operando.
Sin embargo, Santa Mónica enfrenta otro desafío: el incremento considerable de la demanda.
“La institución no ha cerrado servicios a ninguna EPS y, debido a las afectaciones sufridas por clínicas privadas de Pereira y Dosquebradas, ha recibido pacientes provenientes de otros municipios”.
Según Marín Gómez, el servicio de urgencias registra una sobreocupación cercana al 250%.
El asambleísta Marulanda Gómez, explicó que esta presión sobre los hospitales públicos se produjo principalmente porque instituciones privadas como la Clínica Noé, la Clínica Los Nevados y la Clínica Comfamiliar también resultaron afectadas por el terremoto, obligando a trasladar parte de la atención hacia la red pública.
La recuperación
Para las autoridades departamentales, la recuperación hospitalaria no se limita a reparar paredes, cubiertas o consultorios. También implica garantizar recursos para atender el impacto financiero que dejó la emergencia.
Varias áreas tuvieron que suspender temporalmente su operación, lo que redujo la facturación de los hospitales durante varias semanas, en medio de una situación financiera que ya venía afectada por el retraso en los pagos de las EPS.
Javier Darío Marulanda Gómez, señaló que los recursos de los planes de reconstrucción y atención de la emergencia deben incluir tanto a la red pública como a la privada. Además, pidió que esta región del país “sea priorizado en los giros de recursos destinados a las regiones afectadas, con el propósito de garantizar flujo de caja y responder por las atenciones realizadas durante y después del terremoto”.
La gestión de esos recursos, explicó el funcionario, deberá involucrar a las gerencias de los hospitales, la Gobernación, la Secretaría de Salud y la Asamblea Departamental.
El objetivo es que la red hospitalaria pueda recuperar su capacidad plena y mantenerse preparada ante nuevas emergencias.
Conclusiones
El balance deja así dos realidades. Por un lado, los hospitales públicos lograron mantener la atención y demostraron capacidad de respuesta ante una emergencia de gran magnitud.
Por otro, la recuperación todavía está en marcha, especialmente en instituciones como el San Jorge, mientras Santa Mónica, enfrentan una presión creciente por el aumento de pacientes.
A más de un mes del terremoto, la red hospitalaria de Risaralda continúa funcionando, pero la reconstrucción de sus áreas afectadas y la recuperación de su capacidad instalada serán parte de las tareas prioritarias de la etapa posterior a la emergencia.


