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lunes, mayo 27, 2024

Europa prepara una misión para simular un eclipse de sol en el espacio

Tras casi dos décadas de arduo trabajo, un destacado equipo de técnicos aeroespaciales se encuentra inmerso en los ajustes finales de una proeza tecnológica sin precedentes: el despliegue de dos satélites que ejecutarán un baile sincronizado con precisión milimétrica para recrear un eclipse solar en el espacio.

Esta hazaña, coordinada por la Agencia Espacial Europea (ESA), ha reunido a cuarenta empresas europeas y canadienses, bajo el liderazgo presupuestario de España y Bélgica. El propósito principal de este proyecto es ensayar una tecnología de vanguardia mientras se adquiere un mayor entendimiento de la corona solar, la capa más externa y menos densa del Sol.

«Es una misión de demostración tecnológica de vuelo en formación de precisión en órbita. Como las aves cuando vuelan en migración», explica Esther Bastida Pertegaz, ingeniera de la ESA.

Los ajustes finales de esta coreografía cósmica se están llevando a cabo en las instalaciones de la empresa RedWire Space en el norte de Bélgica, donde se practican las últimas pruebas y simulaciones a los dos satélites protagonistas.

Los dispositivos, valorados en un proyecto de 200 millones de euros, estarán en perfecta sincronía a 60.000 kilómetros de la Tierra, ejecutando un baile cósmico que marcará un hito en la exploración espacial.

La misión, denominada Proba-3, despegará el próximo septiembre en un cohete PSLV de la agencia espacial de la India. Una vez en órbita de alta excentricidad, los satélites, Coronagraph y Occulter, entrarán en fase de pruebas antes de comenzar su danza cósmica a finales de 2024.

El objetivo principal de esta coreografía espacial es simular un eclipse solar, permitiendo a los científicos obtener imágenes de alta calidad del halo brillante del Sol, cuya luz es un millón de veces más tenue que el centro del disco. Este fenómeno proporcionará una valiosa información sobre la corona solar y el viento solar que genera las auroras boreales en la Tierra.

Además de su relevancia científica, este ejercicio también servirá para probar tecnologías futuras, como la capacidad de volar satélites de forma coordinada y la posibilidad de añadir combustible en órbita a una nueva generación de satélites recargables.

«No vamos a resolver todos los problemas de la física solar, pero es una pieza del puzzle», comenta el director científico de la misión, Andrei Zhukov.

Una vez completada la misión, los satélites irán cayendo hacia la Tierra hasta desintegrarse en la atmósfera, dejando tras de sí un legado de descubrimientos y avances tecnológicos que impulsarán aún más nuestra exploración del cosmos.

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