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jueves, octubre 6, 2022

EN TIEMPOS DE CAMBIO, UN NUEVO ENFOQUE A LA JUSTICIA

JOHN JAIRO COLORADO VILLA.

ACADEMIA RISARALDENSE DE JURISPRUDENCIA.

 

En Colombia tenemos todo lo necesario para vivir sabroso; sin embargo, no hemos podido superar problemas estructurales que impiden una convivencia pacífica y un desarrollo sostenible, siendo uno de ellos la Justicia, tanto en su concepción como en su materialización.

Se ha entendido como Justicia el dar a cada quien lo que corresponde, haciendo acopio del principio de equidad. Para su consecución, el ciudadano permite que su libertad, como uno de sus bienes supremos, se limite para que un tercero, el Estado, entendido como la Sociedad jurídicamente organizada, la dispense a través de una de sus ramas, La Judicial, dando cabida a las teorías del Contrato Social de Rousseau y de la división de poderes de Montesquieu.

En nuestra sufrida patria, de tiempo atrás se ha escuchado que: “la Justicia es para los de ruana”, queriendo significar que la ley se les aplica a los pobres con sumo rigor, beneficiando a las clases adineradas, lo que evidencia la ausencia de igualdad de los ciudadanos ante la ley. Por su parte, en el argot de los abogados, se suele comentar que la vida de un litigante tiene una duración igual a dos procesos ordinarios.

Estas máximas populares recogen, sin lugar a dudas, rasgos de una problemática que vislumbra inequidad, y la demora, como diría el aforismo: “justice lelayed is justice denied”, justicia retrasada es justicia denegada.

A lo anterior se suman problemas de corrupción que se pusieron de relieve con el caso de Hyunday- Mattos y el cartel de la toga, entre muchos más, y la malsana intromisión de la politiquería en la Rama Judicial, con la participación de aquella en la designación de altos funcionarios del Estado.

Y cuál será la solución para esa problemática? Acaso necesitamos más abogados? Según el Centro de Estudios de Justicia de las Américas, Colombia es el segundo país con más abogados; para el año 2020, tenía 334.508 abogados inscritos, únicamente superado por Costa Rica. O habrá déficit de leyes cuando vivimos en una hiperinflación normativa? o necesitamos que las decisiones judiciales sean adoptadas por computadoras con la implementación de la Inteligencia Artificial (I.A), cuando la Unión Europea lidera el debate sobre su utilización.

Ante un problema tan complejo, hay que buscar una solución simple y la puerta de entrada a dicha respuesta estaría inspirada por la máxima: “La simplicidad es la máxima sofisticación”- Leonardo Da Vinci-, y como la justicia es de los hombres para los hombres, la respuesta debe estar en el mismo ser humano, pues su cerebro, que sería CPU de un computador, podría ser alimentado y/o educado bajo unos principios básicos y universales, que permitirían una convivencia pacífica, por voluntad propia, sin que ello implique la desaparición del Estado sino, por el contrario, la formación de una cultura de la juridicidad.

Su implementación estaría dada por una metodología, en virtud de la cual, dentro del pensum educativo en la escuela, se incorpora el estudio de principios fundamentales y esenciales para la convivencia pacífica, inspirados en la ley natural, que han sido desarrollados por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU y por tratados y convenios internacionales que regulan esta materia y que deberán ser difundidos permanente en sitios públicos y privados

como una cátedra, dando cabida a la Programación Neurolingüística (PNL), y a unos contenidos que serían tan didácticos e ilustrativos que no requieran explicación alguna, por ser en sí misma una realidad que ya ha sido conocida y validada por la sociedad, sin consideración al espacio geográfico donde se ubique el ciudadano.

Ejemplos de esos principios esenciales que conformarían la cultura de la juridicidad serían: “La vida es inviolable”, “No hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti”, “El respeto del derecho ajeno, es la paz,”, “Primacía del derecho sustancial sobre el adjetivo”, “Igualdad de los ciudadanos ante la ley”, “Los bienes públicos, deben ser respetados”, “El respeto por los recursos naturales”.

A la par necesitamos una justicia breve, simple y sumaria, que de aplicación al derecho sustancial, contenido en los principios esenciales, como hoy vemos con el trámite y decisión de la acción de tutela en donde los fallos judiciales, generan una sensación de la aplicación de la ley, del sentido común y de la justicia en forma integral.

Vivimos en un país estupendo conformado por un sinnúmero de matices que lo hacen único, dada su posición geográfica, biodiversidad y la diversidad racial, por lo que ha sido considerado como uno de los países más felices del mundo, pero donde la inequidad, la desigualdad, la arbitrariedad han producido un sentimiento de desolación y desconfianza en todas las instituciones que conforman el Estado, entre ellas la Administración de Justicia.

Impunidad del más del 98% en el campo penal, una congestión judicial insostenible y permanente, operadores jurídicos que hacen prevalecer el derecho adjetivo o procedimental sobre el derecho sustantivo o material, una insatisfacción generalizada de quienes solicitan la protección de derechos fundamentales y que ven en la acción de tutela el único mecanismo para salvaguardar sus mínimos y esenciales derechos.-

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