Erika Gallego Becerra
Periodista Diario del Otún
Julián Muñoz rinde homenaje al barrio que lo vió crecer con un mural de gran tamaño que nos recuerda la biodiversidad andina.
En los últimos años Pereira se ha destacado como un epicentro del muralismo. Entre sus calles, túneles y parques resaltan coloridas obras que destacan los paisajes montañosos atiborrados de frutos, la alegría de su gente y la diversidad étnica que caracteriza a la región. Este es el caso del barrio San Nicolás, que recientemente estrenó varios murales en algunos puntos de interés para los vecinos, como el mural en la entrada de la Institución Educativa San Nicolás que homenajea a la enseñanza: un niño, una niña y una abuela miran con asombro el árbol que brota de las páginas de un libro. En la fachada del Centro de Emprendimiento y Desarrollo Empresarial (CEDE) otro mural habla de la pasión de los jóvenes por la tecnología y la música.
Un homenaje a su barrio
El artista Julián Muñoz, más conocido como Rojo, es autor de un mural de más de 20 metros de ancho en el que destaca un gran oso de anteojos acompañado por unos frailejones. “La intención detrás del mural busca hablar de cosas que en este momento nos parecen relevantes. Como la conservación del territorio, de la fauna, de la flora. Me pareció que es importante hablar de eso, del cuidado de la tierra y del agua en específico, porque el agua es la vida, ¿cierto? El agua es Dios. Todo es agua. Somos agua”.
Cuando estaba en el colegio, Rojo conoció a quien le daría su primer acercamiento real al graffiti, por allá en el 2002, cuando el barrio San Nicolás era un epicentro del movimiento grafitero y de hip-hop en Pereira. “Siempre me había gustado el dibujo, con la pintura pero en ese momento el graffiti solamente se veía en videos musicales o en películas así como de fondo”. En ese momento, no se imaginaba que esta expresión artística ganaría tanta presencia en la ciudad. “Cuando me di cuenta de cómo era la cosa, vibró algo dentro de mí que nada más me lo había hecho sentir. Entonces empecé a dibujar y a explorar”.
Resignificación de las calles pereiranas
Para él, el graffiti le ha abierto las puertas y el camino al muralismo, encargándose de sacar la pintura del espacio privado y llevarlo a lo público: las calles. “A medida que he ido explorando todo este mundo me he dado cuenta de la importancia y la potencia que tiene como herramienta de comunicación”. El muralismo incentiva la apropiación del espacio público. Cuando una pared antes gris se transforma en una que cuenta una historia o retrata a un personaje de la ciudad, la percepción del espacio cambia. Lo dignifica y embellece.
“El graffiti no pide permiso. Es un acto de rebeldía y va en contra de la estética que nos han implantado de cómo debe verse una ciudad. Una ciudad que está pintada para mí es señal de que hay personas que piensan de una manera diferente y cuestionan lo que está pasando allí”. También funciona como estrategia de renovación de los espacios para incentivar su cuidado, evitar que sea un punto de arrojo de escombros o de consumo.
Opine: Es muy lindo, es una expresión de cultura. El parque se estaba destinando para otras cosas pero ya con este mural se volvió más para la gente y vienen más niños. Víctor Mejía, habitante.
“Los muros a lo largo de la historia siempre han sido como una especie de radiografía de la sociedad que habita el territorio. Desde las cavernas en donde se plasmaban escenas cotidianas de sus rituales, de sus creencias y deidades. Así ha sido durante toda la historia humana”. El artista incentiva a ver la ciudad con otra mirada: no con la percepción de un espacio intocable, plano y aburrido sino como la de un libro abierto lleno de anécdotas, olores, sabores, recuerdos y personas, con las que los ciudadanos se sientan identificados.
Son cinco los murales que hacen parte de este proyecto gestionado por el también artista y tatuador David Valencia y apoyado por la Secretaría de Desarrollo Económico y
Competitividad de Pereira. Ambos hacen parte del Festival Pereira Querendona, que lleva ya 11 años de funcionamiento ininterrumpido poniéndole color a la ciudad.


