El frágil destino de los libros

Por Allan González (*)

Ahora solo escucho el corazón de martillo de la ciudad en ruinas. Pereira, después del terremoto del pasado 10 de agosto, deberá idear estrategias y políticas públicas que permitan el acceso efectivo a los libros, pues los lectores hemos quedado desamparados, no sabemos dónde ir…
Las bibliotecas se encuentran cerradas y en un largo e inconfesado inventario de pérdidas; porque, con el tiempo, se convirtieron en el botín clientelar preferido por los políticos, ya no hay nombramientos de carrera, sino una tropa de contratistas que no cumplen horario y que, al parecer, no tienen otra función que conseguir votos.
¿Cuántos de ellos son profesionales en las áreas de bibliotecología o afines?
¿Por qué la Ramón Correa Mejía no ha presentado ningún plan de contingencia?
A pesar de que cuenta con los Paraderos para Libros para Lectores en los parques y bicicletas que hacen las veces de bibliotecas móviles; tampoco se sabe qué va a pasar con la Sala Patrimonial de Risaralda y su contratista.
Por último, el Banco de la República, el más eficiente y bello, está agrietado en derredor y su infraestructura tardará un tiempo significativo en repararse, como las estanterías de las librerías, como todo; se degradarán las relaciones de amor y cuidado.
La ciudad de Pereira deberá entonces idear una política urgente de humanidad: se deberán crear espacios-refugio al aire libre que permitan sobrevivir a la crisis, porque las bibliotecas son, en efecto, espacios de cuidado, de desahogo, de unión y consuelo, de introspección lúcida.
Así que, al limitarse el acceso al libro público, se degrada la democracia, las relaciones sociales que se tejen en el espacio público, se distancian los corazones que antes del terremoto solían encontrarse en el abrazo.

PROPUESTA
Hoy una infraestructura pública que bien puede servir a estos fines, por ejemplo, la Caseta Cultural del parque El Lago, abandonada y en deterioro, puede y debería cederse a las organizaciones culturales, a los mediadores de lectura, en fin, los libros deben salir de estos edificios y llegar a los niños, niñas y adolescentes en los albergues y los lugares donde aún se sufre.
No solo de pan vive el hombre, sino de amor y confianza.

88 años
Desde su fundación, hace 88 años, la Biblioteca Pública Ramón Correa Mejía ha evolucionado significativamente. Lo que comenzó como una colección modesta de libros creció hasta convertirse en una vasta colección de más de 50 mil volúmenes, desde literatura clásica y contemporánea hasta material de referencia, publicaciones periódicas y recursos digitales.

(*) Gestor cultural de Pereira

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