Este mes se estrena la ley 2578 de 2026 que elevó el 9 de julio, día de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, patrona de Colombia, como festivo nacional obligatorio el cual se trasladó para el lunes por la Ley Emiliani. Aquí les contamos un capítulo de la historia, que la historia no ha contado.
Óscar Osorio Ospina
Cuentan los libros de historia religiosa que cada 9 de julio se celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, proclamada Patrona de Colombia por el papa Pío VII en 1829. Agregan los textos que, posteriormente, en 1919, la Virgen de Chiquinquirá -como también se le conoce- fue coronada canónicamente por decreto del papa Benedicto XV y reconocida como “guía los destinos de la nación hacia la paz y la reconciliación”.
En el Santuario de la Patrona de Colombia, localizado en el municipio boyacense de Chiquinquirá, declarado Basílica en 1927 por el Papa Pío XI, se encuentra el lienzo original con la imagen de Nuestra Señora, hoy custodiado devotamente por los hermanos dominicos. Lo que pocos saben es que, en los albores del siglo pasado, llegó a Pereira una réplica de la Virgen, traída a lomo de mula y después de sortear toda suerte de obstáculos.
El cuento viene al caso por cuanto este mes se estrenó en nuestro país la ley 2578 de 2026 que elevó el 9 de julio, día de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, como festivo nacional obligatorio el cual se trasladó para este lunes 12 en aplicación de la Ley Emiliani.

La llegada a Pereira
El general Valentín Deaza Zamora, nacido en Chocontá (Cundinamarca) el 16 de diciembre de 1841 y fallecido en Pereira el 19 de junio de 1933, fue un destacado militar y político, un reconocido líder cívico y un gran benefactor y alcalde de esta ciudad en dos oportunidades.
Donó los lotes de terreno para la construcción del Hospital de Caridad, hoy Hospital San Jorge, el Cementerio San Camilo y el asilo de ancianos San José, fue el constructor de la Iglesia Catedral y donó la madera para las primeras bancas y el altar mayor con el cuadro de la Virgen de Chiquinquirá.
Fue uno de los promotores de la llegada de los Padres Calasanz y donó el predio para la construcción del primer colegio Calasanz por el sector del Aeropuerto Matecaña y en su condición de General de infantería y caballería y de alcalde de Pereira promovió la llegada del Batallón San Mateo a la ciudad, el cual reemplazó el regimiento que aquí existía.
Cuenta el médico José Luis Cardona Deaza, bisnieto del General, que aquella imagen de la Virgen tiene una historia bien particular. El General ordenó la elaboración del cuadro en una escuela de pintores que existía en Chocontá, su pueblo natal, que seguía la línea de la pintura icónica religiosa de Ecuador, el cual fue bendecido por el Arzobispado en Bogotá.
Se trataba de un cuadro de grandes dimensiones que no se podía movilizar acostado, debía permanecer en posición vertical, y tampoco se podía mojar. Así que pensar en traerlo a Pereira no era tarea fácil, sobre todo porque en ese entonces no existía una carretera que empalmara a esta ciudad con Chocontá.
“Una parte del trayecto se movilizó en vehículos y como en la otra parte no existían carreteras que conectaran con el occidente del país fue transportado a lomo de mula con el apoyo y acompañamiento de unos soldados que tenían la misión de mantenerlo en pie y un sacerdote que dada misa en los todos sitios donde llegaba la imagen”, recuerda Cardona Deaza.
Fue una verdadera odisea que debió sortear toda clase de obstáculos, según asegura el bisnieto del General Deaza: “El viaje demoró 36 días, llegó a Pereira en un día lluvioso, mojados, con el cuadro totalmente tapado, así entraron con él a la iglesia catedral de Pereira”.
Pero ahí no pararía la historia, puesto que luego un sacerdote muy ortodoxo y estricto dijo que el General no podía ir con su esposa a la iglesia. Valentín Deaza se había casado y separado con Adelina Quintero en Bogotá, pero el matrimonio católico seguía vigente dado que por ese entonces el Concordato no permitía el divorcio. Aquí en Pereira se enamoró de Apolonia Muñoz, madre de sus tres hijos: Valentín, Delio y Apolonia. El general trató de organizar su matrimonio, pero fue imposible.
Dado que no podía volver a ingresar a la iglesia de la cual fue su principal benefactor, dispuso la construcción de una capilla en su casa, en el marco de la Plaza de Bolívar, a donde iba un sacerdote a oficiar la misa para su familia y amigos.
La Parroquia de la Virgen
¿Dónde terminó el cuadro de la Virgen de Chiquinquirá que trajo el General Deaza a Pereira? Es un interrogante que no hemos podido resolver.
Lo cierto es que hace algo más de 20 años de creó la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá en el barrio San Diego de Dosquebradas, la cual está a cargo del sacerdote Gilberto Hernández y tiene una cobertura de más de 8.000 feligreses de los sectores de San Diego, El Martillo, Primavera Azul, entre otros.
El altar principal de este templo lo preside una imagen de la Virgen de Chiquinquirá que hace 20 años ordenó elaborar el entonces párroco, padre Hugo Cardona Salazar, el cual fue realizado por un pintor de Riosucio, Caldas.
En esta Parroquia este jueves, día de la Patrona de Colombia, se conmemoró con toda pompa, con una programación que incluyó una nutrida procesión, la celebración de la eucaristía y la presencia del Obispo de Pereira, Monseñor Nelsón Jair Cardona. Aunque el festivo obligatorio nacional, que ordena la ley 2578 de 2026, se trasladó para el próximo lunes.
Historia de la imagen
En el siglo XVI Alonso de Narvaez elaboró la imagen de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá. La pintura sobre una manta de algodón sufrió un grave deterioro con los años, quedando casi borrada y olvidada en una modesta capilla.
La Virgen María aparece vestida con una túnica de color rosado, recubierta por un manto azul, mientras que un velo blanco cubre su cabeza.
A la derecha de la Virgen aparece San Antonio de Padua. El santo sostiene un libro con la mano izquierda sobre el que está el Niño Jesús, de pie, con un globo terráqueo en las manos; al mismo tiempo, el santo sujeta una hoja de palma con la mano derecha. A la izquierda de la Virgen está el Apóstol San Andrés, leyendo la Sagrada Escritura, mientras soporta la cruz en X, signo del martirio.



