Mg. Luz Eliana Martínez

“Cuando termino un poema, no lo he terminado. En verdad, lo abandono y el poema ya no es mío, más exactamente, el poema existe apenas”. (Alejandra Pizarnik. El poema y su lector).

 

A través de la palabra, el poeta Leonardo Fabio Marín, logra experimentar, desde la piel, desde el desgarro del cuerpo y del alma, la pasión nostálgica por la calle, por la ciudad y el país, expresando el más ferviente sentido de pertenencia a un lugar que no logra contenerlo y que, aunque duele, es propio y desde ahí avizora el dolor del otro, de los otros, en un silencio milimétrico de seres que como él, deambulan por la ciudad susurrando historias del pasado, del presente, frente a espejos que reflejan esa hoguera urbana donde arden, de manera desbordante e inacabable, todos los sentimientos humanos. Trasegar por sus poemas es enfrentarse al laberinto que representa la ciudad donde habita el poeta, donde vive el lector de sus poemas.

 

Su poesía es el juego de las palabras que desaparecen lentamente y en una lenta muerte que miente porque difumina la realidad en la levedad de la verdad repleta de máscaras, disfraces, rostros desfigurados, fingidos, mentidos.  Acercarse a la poesía de Leonardo Fabio es enfrentarse a la certeza de que las cadenas no atan, porque él libera sus poemas de estructuras convencionales, por ello encontramos versos que gráficamente se manifiestan como cascadas que permanentemente fluyen y descienden con fuerza golpeándonos sin piedad con su frescura efímera y eterna.

 

Su poesía es la expresión que milita ante la prohibición, ante lo convencional y se escurre por sutiles hendiduras para instaurarse en el lugar del extrañamiento, en el abismo inalcanzable, en el eterno laberinto que lo fisura y a la vez hace de su poesía un fruto compacto, devorador y extraño. Un infarto del alma, del lenguaje, del sentir de pulsiones infinitas y extrañas.

 

Penélope

tejer

destejer

amar

desamar

huir regresar

olvidar

y acostarse

con el pasado

despertar en medio

de los besos

de otro amante

mirarnos al espejo

de otro mundo

que no nos pertenece

despertarnos en

otra alcoba

que siempre es la misma

capricho del que nos dibuja

el corazón

y nos quita los ojos

*****

El pavo

noche ebria contigo y tu sonrisa

una cerveza en la mano

y algunos besos con sabor a trago

memoria alicorada

música y bullicio

humareda

en cada rincón alguien se emborracha

sólo nosotros escuchamos al poeta del amor árabe

labés

siempre en puntos suspensivos

arrojando sus versos a la calle

en las paredes de

el pavo escribo tu nombre

nos vamos

sin pagar la cuenta

déjenlo cantar

dejen que le arranque a su guitarra

esas miserables notas que le dan la vida

esa canción que a todos nos embriaga

como las palabras que se adhieren a mis pies

déjenlo que pague su cuenta

con esas miserables canciones

arrojando sus versos a las copas

a las mesas

a nuestra ebriedad de siempre

*****

La delgada mujer del vestido elegante (I)

acurrucada

en la esquina del vecindario

amable sonriente voluptuosa

sus delgados pies atractivos

delgados

huesudos

besándose con el demonio

hurgándole las entrañas

y la hoguera urbana

hirviendo

llueve y es mediodía

sonriente

malévola

misógina

nos espera a todos

nos besa a todos

nos desea a todos

para hurgarnos las entrañas

al mediodía del infarto clandestino

terca y delirante

absurda y meticulosa

con su vientre podrido y vecindario

delgada y protuberante

atup atup atup

(Panamá City, 2018)

*****

Gitano en tus besos

(Boceto musical para una obra de teatro)

me voy escurriendo

por entre las diminutas hendiduras

de tus besos

mentingidos

voy evaporándome

en cada palabra que me trinas

uno a uno retomo

los pétalos caídos de tu sombra

van quedando en mi memoria

una oscura naturaleza muerta extraña

un recuerdo en miniatura

estilo japonés

me quisiste tanto que terminamos muertos de la risa

nos dijimos adiós

entre carcajadas

me voy escurriendo

por las terribles hendiduras de un canal

en la internet

plop

“Che colpa ne ho se il cuore è uno zingaro e va
catene non ha, il cuore è uno zingaro e va.
Finché troverà, il prato più verde che c’è
raccoglierà le stelle su di se
e si fermerà chissà… e si fermerà”. 

CDMX, 2016

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