Padre Pacho

La primera mujer de nuestra vida por prelaci?n cronol?gica e ineludible es la madre; irrumpimos en la vida haciendo llorar a una mujer, esa es nuestra primera gran haza?a, todo un s?mbolo y un anticipo, hacerla llorar desgarr?ndole las entra?as a la mujer que m?s nos ama. Y ah? est? ya el v?nculo m?s ?ntimo y profundo que nos ata a nuestras madres: el dolor.

Y ese dolor del parto es solo el primero de una cadena de dolores sucesivos que nos ata a nuestra madre, en el parto acaba el dolor biol?gico de engendrarnos y darnos a luz y empiezan los infinitos dolores espirituales de hacernos hombres.

La medida entra?able de la maternidad y la filiaci?n es el dolor y cuanto m?s vale un hijo m?s dolores cuesta. Desde que cortan el cord?n umbilical que nos ata biol?gicamente a ella comienza la separaci?n; sobre todo cuando ya no la necesitamos y cuando empezamos a caer en la cuenta que sabemos m?s que ellas; y nos empezamos a sentir superiores a ella y damos un paso m?s ?c?llate mama! Que vas a entender de arte abstracto, de m?sica moderna, o de electr?nica, de f?sica nuclear o de canci?n protesta y concluimos, como vas a entendernos mama, t? no sabes nada.

Sin embargo nuestra madre es nuestra primera maestra la dem?s honda huella en nuestra vida no tendr? carrera universitaria ni bachillerato elemental, tal vez escribe con errores ortogr?ficos no es doctor en historia, pero es doctora en los criterios cristianos de la vida, no es catedr?tico de medicina, pero que bien regenta la c?tedra viva del dolor y el sacrificio; no es profesora de matem?ticas pero si es profesora perfecta de bondad, no es entrenadora de deportes pero si entrenadora de hombres para las luchas de la vida.

Sabe poco, ense?a aparentemente poco, pero ese poco que ense?a, es el hondo cimiento humano donde se apoya todo lo que aprenderemos despu?s; y cuando ya estamos de vuelta de todas las cosas, cuando se nos desploma el mundo mentiroso de las apariencias y de los juegos fatuos, nos refugiamos en aquello poco, elemental y transparente que nos ense?? nuestra madre y que llevamos, guardado e intacto en lo m?s recatado y seguro de nuestro ser.

Esta es mi madre, les dec?a a los periodistas el cardenal de Bombay, ense??ndoles la foto de una dulce y arrugada anciana, esta es mi madre, no sab?a leer, pero ella me ense?o lo m?s precioso de mi existencia.
La lecci?n, la c?tedra, la universidad de nuestra madre se reduce a una elemental formula sagrada: ?Que seas bueno hijo! y su examen universitario a una sencilla pregunta mil veces repetida: ?Hijo eres bueno? Esa es su s?ntesis y por ella se acerca a Dios y Dios se acerca a nosotros en ella.

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