Sofía Gaviria

Columnista

Un plato de espaguetis, aderezados con una salsa salida de un frasco, es la comida rápida con la que se alimenta mucha gente que vive sola y que se aventura a cocinar.  Pero una pasta con una salsa fresca, hecha en casa,  es algo que la mayoría de estos mismos cocineros rara vez se le miden.  Una lástima, si pensamos que hay muchas recetas de salsas para pasta que pueden hacerse en el tiempo que tarda la pasta en cocinarse.

A mi me encantan esas salsas que tienen tiempo para meditar largamente sobre su destino, a fuego lento.  Pero esas salsas tienen que hacerse cuando sabemos que tenemos horas para hacer el almuerzo de un sábado.  Para resolver el problema de alimentarse con algo nutritivo y sabroso cualquier noche de estas, existen otras opciones que distan mucho del frasco de salsa napolitana que se encuentra al lado de los paquetes de pasta en el supermercado.

Una de mis opciones predilectas es la de construir algo velozmente, a partir de una crema de leche, un puñado de perejil liso picado, unas alverjas tiernas congeladas y el mejor queso parmesano que pueda hallar. 

Mi receta para cuatro personas, toma menos de media hora.  Ponga una olla grande al fuego y llénela hasta la mitad con agua.  Sazone el agua generosamente con sal y una vez que hierva pruébela.  El agua debe estar agradablemente salada para que la pasta absorba el sabor de la sal.  Cuando uno cocina pasta en agua sin sal, no importa cuánta sal o salsa le pongamos para servir, la pasta va a tener un sabor plano, nada satisfactorio y jamás será capaz de hacerle honor a los esfuerzos del mejor cocinero.

Mientras el agua hierve, corte una o dos ramas de cebolla larga en tajadas finas y añádalas a un sartén con tres cucharadas de aceite de oliva.  Caliente la mezcla a fuego medio, revolviendo hasta que la cebolla comience a dorar.  Agregue una taza de alverjitas tiernas, directamente del congelador.   

En este momento el agua de la pasta debe ya haber comenzado a hervir.  Añada una libra de espagueti, preferiblemente italiano, y revuelva bien durante medio minuto, para asegurarse de que la pasta se mueva libremente dentro del agua y evitar que se pegue.

Sazone las alverjas con media cucharadita de sal y añada al sartén una taza de crema de leche junto con la ralladura de un limón.  Cuando la salsa comience a hervir, pruebe el punto de sal y sazone generosamente con pimienta negra recién molida.  Pique unas seis u ocho ramas de perejil liso y agrégueselo al sartén con una cucharadita de jugo de limón.

Cuando la pasta esté tierna, vaya sacándola de la olla con unas pinzas de cocina grandes y añádala al sartén que contiene la salsa.  Una vez que haya agregado toda la pasta, déjela dentro de la salsa, al fuego, durante dos minutos.  Pase todo a una bandeja, espolvoree con un buen puñado de queso parmesano y sirva de inmediato.

sofia.gaviria@gmail.com

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