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PUNTO FINAL

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Homenaje póstumo a Augusto Ramírez: Toda una vida en el deporte
Publicado 13/01/2018

 Editor: Óscar Osorio Ospina  | oscar.osorio@eldiario.com.co 



El 12 de enero del año pasado, El Diario publicó la entrevista que Augusto Ramírez González concedió a la sección Punto Final, la cual reproducimos como un homenaje póstumo a un gran dirigente y un gran hombre.

 
 
Augusto Ramírez confiesa que tiene tres amores en su vida. En su orden, la Universidad Tecnológica de Pereira de la cual es egresado y jubilado; la Corporación Deportiva de la que fue cofundador y directivo durante 25 años y la Copa Ciudad Pereira que organiza desde hace 34 años sin interrupción. A su vez, reconoce que en la vida ha tenido dos grandes maestros: el Padre Valencia, todo un ejemplo de civismo, y Hernán Mejía Campuzano, quizá el más importante dirigente del fútbol en la región. Con Ramírez González hablamos sobre su vida y obra, pero sobre todo acerca de su papel como dirigente deportivo.
 
 
¿Cuántos años dedicado al deporte?
Muchos. Yo nací con una enfermedad infecto-contagiosa y es que me gusta mucho el deporte, sobre todo el fútbol, pero he practicado varios desde pequeño. Nací y me crié en la calle 11 entre carreras 9a. y 10a. muy cerca de un sitio muy discutido de Pereira llamado “el barrio de tolerancia”, es decir la carrera 9a desde la calle 3a. hasta la 13. Mi mamá siempre buscaba la manera de apartarme un poco de ese ambiente y me dio la manera de practicar deporte. Desde muy pequeño empecé a patear un balón y a tratar de hacer la cosa más importante que era ir al estadio Mora Mora en ese tiempo.
 
 
¿A todas éstas a qué horas se graduó de Ingeniero?
Yo tengo dos profesiones: dirigente deportivo e ingeniero. Actualmente trabajo como ingeniero en el Ingenio Risaralda, estuve mucho tiempo en la Universidad Tecnológica de Pereira que es una de mis pasiones, casi 39 años y soy jubilado de allá. 
 
 
¿En esa época, cuántos partidos se jugaba al día?
Tres o cuatro, si se podía. Cuando eso tenía toda la capacidad física para hacerlo. Me llamaban “recochero”, andaba con los guayos y varios uniformes en la bicicleta, en el carro o en lo que tuviera.
 
 
¿Y le alcanzó también el tiempo para ser futbolista profesional?
Uno de los momentos más alegres para mí fue cuando me fui a graduar de bachiller del colegio Deogracias Cardona. Estábamos en el teatro Consota (carrera 9a entre 18 y 19) y cuando me estaban entregando el diploma me llegó un telegrama o marconi en donde me decía que yo había sido preseleccionado por Colombia para los Juegos Bolivarianos de Barranquilla. Me tocó con el “Flaco” Melendez de entrenador y eso para mí fue una noticia muy importante. Después estuve en el Deportivo Pereira varias épocas pero me dediqué más a estudiar que a jugar.
 
 
¿Quién le aconsejó eso?
Yo tenía un papá, digamoslo así, que era don Hugo Forero el entonces Secretario Académico de la Universidad Tecnológica. El me decía: si usted juega fútbol, puede durar cinco o seis años jugando; pero si es Ingeniero, toda la vida lo seguirá siendo.
 
 
¿En esa selección y en el Pereira con quienes compartió?
En esa preselección había tres jugadores de Pereira. Un defensa central apodado “El Mono” y un hermano del “Yoyo” Arango. Fuimos los tres a la preselección y nos tocó estar con ellos pero jugamos muy pocas veces. En el Deportivo Pereira fuí alumno de César López Fretes, el sabía que yo estudiaba y cuando salíamos a la ronda de visitantes, yo me quedaba estudiando. El me decía: a usted le gusta estudiar, es bueno que siga haciéndolo.
 
 
¿En qué posición jugaba?
De marcador de punta. Tengo una anécdota en el estadio Mora Mora, jugando con el Deportivo Cali. Había un brasilero muy bueno llamado Tiriza, ese delantero me hizo do o tres jugadas que casi me sacan del estadio y la gente se burlaba. En ese partido, el entrenador Héctor Salazar me dijo que jugara como me había enseñado para no tener problemas. En el segundo tiempo, el señor no volvió a aparecer, ni volvió a hacerme todo lo que me hacía antes. Las burlas se volvieron aplausos y el reconocimiento del entrenador.
 
 
¿Quienes hacían parte de la nómina del Pereira?
Muchos paraguayos y colombianos muy buenos, como Glubis Ochipinti, El Pollo Diaz, Eliseo Gaona y Alfredo Vega. También me tocó en las reservas con Solano Patiño y Alejandrino Genes. Para mí, los más jugadores más destacados fueron Genes y el maestro Jairo Arboleda. Pero había uno muy bueno, era el paraguayo Antonio Duarte que le quebraron una pierna en el estadio Mora Mora. Un centro delantero muy bueno y también Eusebio Escobar.
 
 
¿También jugó en el extranjero?
Tuve la oportunidad de jugar en Bélgica en la segunda división, cuando estuve estudiando allí dos años. 
 
 
¿Y cómo empezó en la dirigencia deportiva?
Ví que podía ser dirigente deportivo porque cuando estuve jugando fútbol me eligieron como mejor jugador de Caldas en ese momento, pero también era integrante de una liga de fútbol. Así fuí escalando peldaños y me fui formando como dirigente deportivo. El sumo de eso fue cuando tuve la oportunidad de dirigir los Juegos Nacionales de 1988, gracias a un concurso de méritos. El Presidente Belisario Betancur y la Ministra Doris Eder de Zambrano, a raíz de los problemas con los Juegos de Villavicencio, me pidieron montar un esquema diferente y de ahí surgió la ley descentralización de los Juegos en varias sedes por regiones, como la Costa, el Eje Cafetero. No como ahora que el tema se volvió muy político y, por ejemplo, hay una subsede en San Andrés y otra en Pasto, lo que no tiene ninguna lógica.
 
 
¿En su vida profesional y deportiva, cuántos son sus hijos?
En primer lugar, mi gran amor, es la Universidad Tecnológica. El segundo, la Corporación Deportiva Centenario en donde estuve 25 años y tercero la Copa Ciudad Pereira que he realizado durante 34 años en el estadio Mora Mora. La Copa cautivó el corazón de los colombianos.
 
 
¿Quiénes han sido sus grandes mentores?
A mí me decían que yo era hijo del Padre Antonio José Valencia. En verdad me tocó con él muchos convites y muchas cosas, con gran civismo. Le tomé gran cariño al padre, quien fue muy receptivo conmigo y me enseñó muchas cosas. El otro, Hernán Mejía Campuzano quien jugó un papel muy importante en mi vida. Él y Carlos Ariel García me motivaron a ser dirigente deportivo. Hernán Mejía es el papá de la dirigencia deportiva de Pereira y creo que la ciudad le debe mucho. Ha sido mi maestro, a quien yo respeto y admiro mucho.

 

 
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