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La semilla del padre Pacho
Publicado 11/02/2018

Nació en Anserma (Caldas) el 21 de mayo de 1960. Fue ordenado sacerdote el 22 de noviembre de 1987 por el obispo de entonces, monseñor Darío Castrillón Hoyos hoy cardenal de la iglesia. Se destaca como un sacerdote que congrega multitudes por su carisma. Su cuna fue un pentagrama y estaba predestinado a la música. Se llama Francisco Gilberto Arias Escudero y todos, pero todos, lo conocen como el Padre Pacho, creador además del grupo musical “Semillas” en 1991 con el que cambió la forma de evangelizar, para siempre. Además dirige el área de comunicaciones de la Diócesis de Pereira desde hace 5 años. Hoy niños, jóvenes y adultos ‘persiguen’ las misas del sacerdote, donde quiera que esté.



El grupo Semillas acaba de cumplir 25 años de labor musical. ¿Cómo nació?
Estaba trabajando en la parroquia de Belén de Umbría donde teníamos grupos que enseñaban música en las escuelas, una especie de embajada cultural muy animada y de allí salieron unos jóvenes que tocaban muy bien algunos instrumentos. Cuando me trasladaron para la parroquia de Arabia le dije a esos muchachos que si se iban conmigo para organizar allí un grupo musical; como era el semillero de todo ese trabajo que se había hecho propuse que el grupo se llamara Semillas, y así quedó. Interpretábamos música de los años 80 y empezamos a incursionar en el género de la música de alabanza y oración y nació luego el primer trabajo musical que lo hicimos con Colmúsica en Medellín y se llamó Verdades.

Y cuando grabamos 4 trabajos nos llamaron de la Sony Music para un trabajo con ellos que lo llamamos Milenio de Amor y fue en el año 2000. Ese CD es extraordinario, todavía suena en muchas partes, pero comercialmente no salió porque hubo una crisis en esa empresa y no dieron los recursos para la promoción, así que se quedó sin dárselo a conocer a la gente. Llevamos 17 producciones musicales.



En esa época que se promoviera un estilo como ese en las misas era un poco extraño…
Fui director de “Scola Cantorum”, la escuela de canto del seminario mayor, un ministerio musical. De allí empecé a introducir algunos estudiantes en la liturgia con tiple, bombo y demás instrumentos y fuimos dejando un poco el piano, el órgano y la música gregoriana. Fuimos cambiando el esquema, empezamos a tocar en las misas pasillos, guabinas, bambucos y como el Obispo de entonces, el hoy cardenal Darío Castrillón tenía una visión muy amplia fue permitiendo que se trabajara esa posibilidad, además había un sacerdote extraordinario que era el padre Mario Giraldo y nos permitía tocar esa música, a la vez fuimos organizando el grupo Yogarí, un vocablo  katío que significa ‘Jóvenes que cantan’ y acompañábamos las misas del seminario y unas celebraciones especiales en la Catedral.



¿Qué es para usted la música?
Es el lenguaje de Dios que habla en los ángeles y nos da la oportunidad a los humanos de interpretarla, es un instrumento para abrir corazones y transformar vidas y eso ha sido vital en mi ministerio, estoy cumpliendo 30 años de sacerdocio y para mi ha sido una herramienta valiosa y le agradezco al Señor que me haya dado este talento y que lo pueda poner al servicio de la comunidad.



¿Qué es hoy del grupo?
Ha tenido unas transformaciones, logré sostenerlo 15 años con los mismos integrantes, pero en una gira por Estados Unidos algunos de ellos se quedaron, terminé sin bajista, sin pianista, sin una voz y me tocó conseguir nuevos músicos.



Treinta años como sacerdote, cómo se dio ese llamado en usted?
Cuando llegué al seminario no lo hice para ser sacerdote, fui a llevar a un hermano que terminaba sus vacaciones y el rector se me quedó mirando y me dijo: “A usted me lo mandó el Espíritu Santo y usted tiene la mirada de los elegidos”... Eso me produjo como un corrientazo y me preguntaba por qué ese padre lo decía. Me dijo que si me quería quedar, que probara y le dije que no tenía ropa para hacerlo, su respuesta fue que eso no era problema, que mi hermano me la prestaba. Cuando llamé a la casa mis padres no lo podían creer y a los 8 días me llevaron la ropa.



¿Y qué descubrió allí que decidió quedarse?
Me gusta mucho jugar fútbol, me gusta la música y todo lo encontré allá y me dije que ese era mi espacio, pero no para ser sacerdote sino para la música. Una vez quise retirarme ya avanzados los estudios y el rector me envió donde unos padres españoles en Guática, que trabajaban de manera extraordinaria con las comunidades y me enamoré del sacerdocio en esa misión. Yo quería ser como un padre español que había allí, que trabajaba con niños, jóvenes y admiraba su predicación, era un hombre con un concepto distinto. Cuando regresé al seminario el rector me tenía el cupo, volví  a hacer la teología y me ordenó Monseñor Darío Castrillón, pero me archivaron un año porque tenía que aprender a rezar y me mandaron donde unos monjes cuyo convento quedaba en la salida a Armenia. Castrillón me dijo: “Vas a ir para que le enseñes a los monjes a cantar y los monjes te van a enseñar a rezar”, esa era la contraprestación. Lo único que supe es que terminé el año y los monjes aprendieron a cantar muy bien...y yo todavía estoy aprendiendo a rezar.



¿En qué parroquias ha estado?
Mi primera parroquia fue en Santuario, allá solo me dejaron 8 meses y los muchachos no me dejaban irme, me secuestraron tres días y estuvieron en huelga de hambre como 8 días por ello. Luego pasé a Belén de Umbría 5 años, luego a Arabia por dos años, otros dos años en La Florida, luego en San Antonio de Padua por 8 años, otros 8 años en San Cayetano, en Providencia, y llevo 5 años en Los Dolores. No somos dignos del ministerio, soy un hombre con muchas limitaciones pero enamorado de lo que hago, de la gente, del servicio social. Además me gustan los animales, los recojo de la calle, los cuido y a muchos los he dado en adopción, me gustan porque  son como los hermanitos menores y no merecen maltrato, hay que hacer una campaña para protegerlos, no se trata de humanizar los animales pero si que seamos humanos con los animales.



“Mi hermano Alfredo es un sacerdote insuperable, totalmente distinto al esquema mío, es de mucha oración y le encanta el sacramento de la confesión".


"Mi padre murió hace 17 años, para mi fue el referente, siempre lo tuve como mi gran ídolo y me dolió mucho su partida".


"Mi mamá es una mujer maravillosa, ora mucho por nosotros, el secreto de un sacerdote está en tener una mamá que sea de oración porque eso nos reafirma en la vocación”.
 

 
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