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Julián Caleño
Con lo visto durante los últimos tiempos, cuando la política se convirtió en un juego de ajedrez, podemos apreciar claramente que los idearios políticos desaparecieron por completo de los llamados partidos, los cuales se convirtieron en enormes empresas que se disputan la dirección del Estado, en busca de sus grandes beneficios. Durante años fuimos godos, liberales o comunistas, se hablaba de Centralismo y Federalismo, Caro, Ospina, Uribe Uribe, Lleras, Lenin, Marx, Mao, etc. Y, de pronto llegó Álvaro Uribe y nos dimos cuenta que la gran mayoría de los colombianos éramos de los mismos, que pensábamos igual y teníamos las mismas inquietudes, no por la persona, sino por el método para gobernar, y que los únicos que conservaban sus idearios eran los del Polo, quienes siguen fieles al comunismo trasnochado y totalitarista, que busca por todos los medios, convertir en pobres absolutos a los colombianos por igual, al mejor estilo cubano. Durante un largo periodo, algunos de los candidatos al Senado y Cámara, en sus campañas clientelistas, nos metieron mentiras a granel; que yo voy a darles vivienda y salud a todos los colombianos; que el campo será de quienes lo trabajan; que los préstamos para el sector agrícola se harán únicamente a los más pobres y así esos ricachones oportunistas, no puedan dar miles de empleos, ni puedan producir millones de toneladas de alimentos, para que la abundancia de productos mantengan los precios bajos y nunca haya desabastecimiento. Todos los candidatos aseguraron ser personas honestas, ajenas a toda clase de torcidos, incapaces de hacer, obtener, o otorgar contratos para reponer los gastos de sus campañas y luego llenar sus bolsillos sin medida; “eso sí ni de vainas”. Mejor dicho, lo mismo que dijeran en su momento, los que hoy están presos, por hacer exactamente lo contrario, además de otros quienes hasta ahora no tienen algún periodista enemigo que les saque los trapitos al sol. Hubo acusaciones sin tregua de unos contra otros, y en el rifirrafe, el periódico El Colombiano, le destapó al inmamable Daniel Coronell, su tremenda olla podrida. Claro que no todos son torcidos y mentirosos, afortunadamente muchos son gente muy honesta y responsable y, a ellos nos atenemos. Pero lo que fueron las doctrinas, pasaron a ser historia y ahora todo es negocio.
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